Panamá apuesta por el camarón sostenible y busca un sello global

Panamá apuesta por el camarón sostenible y busca un sello global - Panamá y Centroamérica

Ciudad de Panamá, 22 de junio 2026. Panamá está intentando reposicionar una de sus industrias pesqueras más importantes en el mapa internacional de la sostenibilidad.

En una jugada que combina ambición comercial, presión ambiental y estrategia de largo plazo, la Asociación Panameña de Exportadores de Camarón (APECAM) anunció que impulsará un Proyecto de Mejora Pesquera (FIP, por sus siglas en inglés) con el objetivo de encaminar a la pesquería de arrastre de camarón blanco y rosado hacia la certificación del Marine Stewardship Council (MSC), considerada una de las credenciales más influyentes en el comercio mundial de productos del mar.

La apuesta es tan económica como simbólica. Si el proceso avanza con éxito, Panamá no solo podría abrir nuevas puertas en mercados internacionales que exigen estándares ambientales verificables, sino también intentar desmontar una de las percepciones más críticas que persiguen a la pesca de arrastre: su impacto sobre los ecosistemas marinos.

Una idea que comenzó en Boston

El proyecto empezó a tomar forma a principios de este año, durante la North American Seafood Exposition, celebrada en Boston, uno de los encuentros comerciales más relevantes de la industria pesquera mundial. Fue allí donde APECAM sostuvo las primeras conversaciones con representantes del MSC para explorar la posibilidad de que la pesquería panameña ingresara al programa de certificación.

Desde entonces, el esfuerzo ha empezado a articular una alianza poco habitual en un sector históricamente tensionado entre productividad y sostenibilidad. La iniciativa reúne al sector privado, al Estado y a una organización técnica con experiencia internacional en procesos de mejora pesquera.

Por el lado empresarial, APECAM —liderada por su presidente, Roberto Chamorro, y su vicepresidente, Jorge Azar— representa a la mayor parte de la flota camaronera de arrastre del país y será el principal motor de la propuesta desde dentro de la industria.

El componente estatal recae en la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP), que coordina el proyecto y participa a través de su director legal, Ignacio Noriega.

A ese bloque se suma CeDePesca, una organización no gubernamental especializada en proyectos de mejora pesquera y certificaciones internacionales. Su director ejecutivo, Ernesto Godelman, aporta un activo particularmente valioso para Panamá: la experiencia de haber acompañado a Argentina en su camino hacia la certificación MSC de camarón silvestre, uno de los casos de referencia en la región.

El proceso también mantendrá comunicación con Francisco Vergara, gerente de alcance de pesquerías del MSC para Panamá, con el fin de facilitar la comprensión técnica del estándar y de sus requisitos.

Dos objetivos: vender mejor y pescar mejor

La iniciativa descansa sobre una premisa central: la sostenibilidad ya no es solo un argumento reputacional; es una condición de acceso a los mercados más exigentes.

Para la industria panameña, la eventual certificación podría traducirse en un reconocimiento independiente de su desempeño ambiental frente a un estándar global, algo con valor creciente en cadenas de suministro donde compradores, supermercados y distribuidores están sometidos a una presión cada vez mayor para demostrar trazabilidad y prácticas responsables.

En términos prácticos, el sello MSC podría ayudar a Panamá a diferenciar su camarón en el exterior, fortalecer la marca país de sus exportaciones pesqueras y ampliar oportunidades comerciales en nichos donde la sostenibilidad ya no es un atributo adicional, sino un requisito.

Pero el objetivo no es únicamente comercial. El otro gran frente del proyecto es demostrar, con evidencia científica y monitoreo verificable, que la pesquería puede alinearse con un enfoque ecosistémico y con las mejores prácticas promovidas por el Código de Conducta para la Pesca Responsable de la FAO.

Ese punto es crucial. La pesca de arrastre ha sido durante años una de las actividades más observadas por organizaciones ambientales debido a sus potenciales efectos sobre especies no objetivo, hábitats marinos y biodiversidad. Panamá busca ahora responder a ese escrutinio con datos, transparencia y un proceso de mejora estructurado.

La hoja de ruta: observadores, datos y manejo pesquero

La ruta hacia la sostenibilidad no será inmediata. El instrumento elegido por el sector es un Proyecto de Mejora Pesquera (FIP), una herramienta diseñada para que una pesquería identifique brechas frente a estándares internacionales y ejecute un plan progresivo de mejoras.

En el caso panameño, una de las piezas centrales será la recopilación de información en campo. La flota de arrastre desplegará voluntariamente observadores independientes a bordo para registrar datos sólidos y verificables sobre capturas, interacción con el ecosistema y desempeño operativo. Esa información, según la hoja de ruta planteada, deberá servir para fortalecer las decisiones de manejo y demostrar que la actividad puede operar sin comprometer la salud del ecosistema marino ni la sostenibilidad de las poblaciones explotadas.

El mensaje de fondo es claro: la industria quiere pasar de las declaraciones de intención a un modelo en el que la sostenibilidad pueda medirse, auditarse y, eventualmente, certificarse.

Mucho más que camarón

Detrás de la iniciativa hay una realidad económica difícil de ignorar. El camarón no es un producto marginal dentro del sector pesquero panameño: es una de sus principales fuentes de empleo costero y el principal rubro pesquero de exportación del país. Miles de familias dependen, de forma directa o indirecta, de esta cadena productiva.

Por eso, el proyecto no se presenta únicamente como una apuesta ambiental, sino también como una estrategia para proteger empleos, sostener ingresos y defender la competitividad de una industria que necesita adaptarse a un mercado global cada vez más exigente.

Si el proceso prospera, Panamá podría convertir una actividad históricamente cuestionada en un caso de estudio sobre transición pesquera: una industria de arrastre que busca demostrar que puede generar divisas, sostener comunidades costeras y, al mismo tiempo, someterse al examen de uno de los estándares ambientales más rigurosos del planeta.

La promesa todavía está lejos de materializarse. El camino hacia la certificación es largo, técnico y, en muchos casos, políticamente incómodo. Pero el anuncio de APECAM abre una nueva etapa para la pesca panameña: una en la que el futuro del camarón ya no dependerá solo de cuánto se capture, sino de cuán convincente sea la evidencia de que puede hacerse sin vaciar el mar.

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