Escuchar este artículo
Preparando audio…
Panamá lleva más de un siglo cobrando por mover barcos entre dos océanos. La nueva apuesta consiste en hacer algo parecido con los datos, aunque el negocio digital es menos visible y mucho más difícil de capturar.
El presidente José Raúl Mulino anunció que Panamá formará parte de Americas Connect, una expansión de la red submarina de Google que incluye tres nuevos sistemas denominados Alisios, Canoa y OlaLuz. El esquema compartido por el mandatario coloca al istmo dentro de una arquitectura que enlaza puntos de América del Sur, el Caribe, Estados Unidos y el Atlántico.
El anuncio confirma una ventaja geográfica, pero no garantiza por sí solo que Panamá se convierta en un “hub digital”. Un cable puede desembarcar, cruzar el país y seguir su camino sin dejar mucho más que una estación técnica. Para transformar fibra en inversión se necesitan centros de datos, energía confiable, redes terrestres, puntos de intercambio de tráfico, reglas estables y talento especializado.
La ruta física de una economía que parece intangible
Más del 99% del tráfico internacional de datos circula por cables submarinos, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones. La nube, las videollamadas, las transferencias bancarias y los modelos de inteligencia artificial dependen de hilos de fibra óptica tendidos sobre el lecho marino.
Panamá ya forma parte de esa red. Curie, de Google, conecta Chile con Estados Unidos mediante un ramal panameño. Otros sistemas regionales atraviesan o desembarcan en el país, y TAM-1 llegó a María Chiquita, Colón, a finales de 2025 con la expectativa de entrar en servicio durante 2026. La consultora S&P Global ha señalado una capacidad de diseño de hasta 650 terabits por segundo para ese proyecto.
Americas Connect amplía esa densidad. La imagen divulgada junto al mensaje presidencial identifica a Alisios, Canoa y OlaLuz y muestra nuevas rutas alrededor del Caribe y las Américas. El mensaje no detalla todavía capacidad, calendario de entrada en servicio, inversión atribuible a Panamá ni condiciones comerciales. Esas cifras serán necesarias para medir el alcance económico más allá del mapa.
Google ya no es solo un usuario de las telecomunicaciones
Durante décadas, los grandes cables pertenecieron principalmente a consorcios de operadores telefónicos. Esa estructura ha cambiado. Google, Meta, Amazon y Microsoft financian o controlan una porción creciente de las nuevas rutas porque necesitan mover enormes volúmenes entre sus centros de datos y acercar servicios de nube e inteligencia artificial a los usuarios.
Los grandes proveedores de contenido participan en más de dos tercios de la capacidad submarina planificada, según datos de TeleGeography citados por el IEEE Communications Society Technology Blog. La inversión acelera el despliegue, pero concentra decisiones estratégicas en un grupo reducido de empresas privadas.
Google sostiene que sus inversiones anteriores en cables de América Latina podrían contribuir con un PIB acumulado adicional de US$178,000 millones y respaldar unos 740,000 empleos regionales hasta 2027. Es una estimación encargada por la propia compañía a Analysys Mason y no una proyección específica para Panamá, por lo que debe leerse como una medida del potencial regional, no como beneficio garantizado para el país.
Lo que Panamá puede capturar
El primer beneficio es resiliencia. Más rutas permiten desviar tráfico cuando un cable se corta, siempre que los sistemas no compartan exactamente el mismo trayecto, estación o proveedor terrestre. La redundancia es especialmente valiosa para bancos, aerolíneas, logística, comercio y servicios públicos que no pueden detenerse ante una avería.
El segundo es latencia. Cuando el contenido y el procesamiento están más cerca, una transacción o consulta tarda menos en viajar. Esa diferencia puede ser decisiva para servicios financieros, videojuegos, análisis en tiempo real y aplicaciones de inteligencia artificial.
El tercero es inversión complementaria. Una concentración de cables puede atraer centros de datos y plataformas de nube, pero esas instalaciones comparan precios de electricidad, disponibilidad de terrenos, permisos, conectividad terrestre, riesgos naturales y capacidad de refrigeración. Panamá compite con mercados como Brasil, Chile, México y Colombia, que ya han acumulado ecosistemas digitales mayores.
La oportunidad también puede extenderse a servicios especializados: mantenimiento de redes, ciberseguridad, ingeniería marina, operación de centros de datos y cumplimiento regulatorio. Son actividades de mayor productividad que la simple cesión de espacio para que pase una fibra.
La vulnerabilidad viaja por el mismo cable
Cuanto más estratégica se vuelve la red, mayor es la exigencia de protegerla. La UIT y el Comité Internacional para la Protección de los Cables aprobaron en julio recomendaciones globales sobre prevención, reparación y coordinación. Los daños por anclas, pesca, movimientos del fondo marino y fallas operativas siguen siendo más frecuentes que el sabotaje, pero las tensiones geopolíticas han elevado la preocupación sobre rutas, proveedores y tiempos de reparación.
Para Panamá, la seguridad no puede limitarse al tramo marino. Las estaciones de amarre, la fibra terrestre que cruza el istmo, los centros de intercambio y la energía son partes de una misma cadena. Tener varios cables no produce resiliencia si todos convergen en un solo punto vulnerable.
También surge una cuestión de gobernanza. El país necesita facilitar inversión sin renunciar a supervisar infraestructura crítica, exigir planes de continuidad y proteger los datos que pasan por redes privadas. La neutralidad del Canal no tiene un equivalente automático en el mundo digital; las reglas deberán construirse.
De país de tránsito a plataforma de servicios
El anuncio de Google es una buena señal porque coloca a Panamá dentro de la próxima generación de infraestructura regional. Pero el mapa no debe confundirse con el resultado económico. El Canal genera ingresos porque el país opera la vía, presta servicios y ha desarrollado un conglomerado logístico alrededor de ella. En telecomunicaciones, buena parte de la infraestructura y del tráfico pertenece a compañías globales.
La diferencia entre un punto de paso y un hub estará en lo que se construya encima: centros de datos, redes locales competitivas, energía, capacitación y empresas capaces de vender servicios desde Panamá al resto de la región. La fibra abre la puerta. El valor dependerá de quién instale y opere lo que viene después.