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Panamá acelera: la actividad creció 8,23% en junio mientras los precios bajaron en julio

El IMAE registró su mayor avance de 2026 y acumuló 5,39% en el semestre. Combustibles, electricidad y gas empujaron una baja mensual de 0,3% en el costo de vida, un alivio que aún debe probar que puede sostenerse.

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Ilustración editorial del Canal de Panamá, un buque portacontenedores, una flecha económica ascendente y un indicador de precios descendente
Ilustración editorial de Mirada Económica sobre la aceleración de la actividad y la moderación mensual de los precios en Panamá.

La economía panameña terminó el primer semestre con una aceleración que no se veía en los meses anteriores. El Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) creció 8,23% en junio frente al mismo mes de 2025, mientras el índice de precios al consumidor bajó 0,3% en julio respecto de junio. Juntas, las cifras describen una combinación poco habitual: más movimiento económico y, al menos durante el último mes medido, un costo de vida ligeramente menor.

La lectura requiere cautela. El IMAE no es el producto interno bruto ni permite afirmar que la economía crecerá 8,23% en todo 2026. Es una estimación mensual del pulso de la producción y puede variar con fuerza por efectos de calendario, bases de comparación y actividades específicas. El IPC, además, corresponde a un mes posterior. Aun así, los dos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) ofrecen la fotografía más reciente de una economía que avanzó con rapidez sin trasladar toda esa velocidad a los precios.

La aceleración es más amplia que un solo sector

El informe del IMAE de junio sitúa el crecimiento interanual en 8,23%, muy por encima del 2,19% observado en junio de 2025. El promedio acumulado de enero a junio aumentó 5,39%, frente al 4,88% acumulado hasta mayo. La tendencia-ciclo —una serie que procura apartar parte del ruido mensual— avanzó 7,90% interanual y 5,27% en el semestre.

Ese detalle importa porque reduce, aunque no elimina, el riesgo de interpretar junio como una anomalía aislada. La serie original pasó de crecer 4,13% en enero a 4,15% en febrero, 5,06% en marzo, 5,96% en abril y 5,19% en mayo, antes del salto de junio. Hay una aceleración, pero su sostenibilidad dependerá de que la inversión, el consumo y el empleo acompañen el desempeño de los grandes motores de servicios.

El comercio encabezó el impulso. El INEC atribuyó el resultado al movimiento minorista y mayorista, las reexportaciones desde la Zona Libre de Colón y la venta nacional de combustibles. Transporte, almacenamiento y comunicaciones también aportaron mediante los peajes y el tonelaje que cruzó el Canal, el tráfico aéreo y el movimiento de contenedores en los puertos.

Contenedores apilados en un puerto de Colón, Panamá
El comercio, las reexportaciones de la Zona Libre y el movimiento portuario estuvieron entre los motores de junio. Fotografía: Roger W / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

La lista se extendió a la industria manufacturera, los hoteles y restaurantes, la construcción, las finanzas y algunas actividades agropecuarias. Los bancos se beneficiaron de depósitos externos, crédito y otras operaciones; la construcción recibió apoyo de permisos privados —que llegan al indicador con rezago— y de obras públicas de ingeniería civil. En turismo, el mayor flujo de visitantes elevó la ocupación hotelera y el consumo gastronómico.

No todo creció. La generación hidroeléctrica, la venta de gasolina de 95 octanos y los derivados de la leche registraron resultados desfavorables. Esa mezcla recuerda una característica persistente de Panamá: las cifras agregadas pueden mejorar con rapidez gracias a la plataforma logística y financiera, aunque la experiencia de hogares, trabajadores y pequeñas empresas tarde más en reflejar el cambio.

El alivio de julio vino principalmente de la energía

El IPC nacional urbano de julio disminuyó 0,3% frente a junio. En la provincia de Panamá bajó la misma proporción y en el resto urbano descendió 0,4%. Frente a julio de 2025, sin embargo, el nivel general fue 2% mayor; el promedio de los primeros siete meses quedó 1,4% por encima del registrado en igual período del año anterior.

La caída mensual no fue uniforme. Transporte bajó 1,4% porque los combustibles y lubricantes para vehículos disminuyeron 5%. Dentro de esa clase, el diésel cayó 6,9% y la gasolina 4,9%. Vivienda, agua, electricidad y gas retrocedió 0,6%, con descensos de 2,7% en electricidad y 2,2% en gas.

Los alimentos y bebidas no alcohólicas apenas bajaron 0,1%, pero el promedio oculta movimientos distintos dentro de la compra cotidiana. Hortalizas, tubérculos, plátanos y legumbres retrocedieron 1%; los pescados y mariscos, 0,6%; la carne fresca y refrigerada, 0,5%; y los huevos de gallina, 0,5%. En dirección contraria, cereales subieron 1,1%, frutas frescas 0,7%, café y té 0,8%, y camarones frescos o refrigerados 2,2%.

Otros aumentos fueron más visibles fuera del supermercado. Los medicamentos subieron 0,5%; los servicios móviles, 0,8%; y los pasajes aéreos nacionales e internacionales, 0,8%. Destilados, licores y vinos avanzaron 1,7%. Los servicios educativos y los seguros y servicios financieros no variaron durante el mes.

Una buena cifra con dos pruebas pendientes

Para las empresas, el dato de actividad sugiere una demanda más firme y una utilización mayor de la infraestructura comercial del país. Para los hogares, la deflación mensual ofrece alivio inmediato en transporte y servicios básicos. Pero una parte importante de esa mejoría depende de precios energéticos administrados o expuestos al mercado internacional. No equivale todavía a una reducción general y permanente del costo de vida.

La primera prueba será la persistencia. Junio compara con un mes de 2025 en el que el IMAE solo había crecido 2,19%, por lo que la base relativamente débil amplifica parte del salto. Si comercio, puertos, turismo y construcción mantienen su dinamismo durante el tercer trimestre, el acumulado ofrecerá una señal más robusta que la cifra de un solo mes.

La segunda será la transmisión. Una economía puede expandirse sin que el ingreso disponible mejore al mismo ritmo si los nuevos negocios se concentran en sectores intensivos en capital, si el empleo formal responde lentamente o si los hogares siguen destinando una proporción elevada de sus ingresos a alimentos, vivienda y deuda. El IMAE mide actividad; no mide por sí solo bienestar ni distribución.

La fotografía de mitad de año es, con todo, favorable. Panamá llega al segundo semestre con una actividad acumulada de 5,39%, inflación interanual de 2% y una baja mensual de precios. El desafío ya no consiste únicamente en conservar la velocidad, sino en convertirla en inversión productiva, empleos y poder de compra. Ahí se decidirá si el contraste de junio y julio fue un buen momento estadístico o el comienzo de una mejora más amplia.