Ciudad de Panamá, 3 de junio 2026. Mientras varias enfermedades transmisibles continúan bajo vigilancia epidemiológica, la influenza se ha convertido en la principal preocupación sanitaria de las autoridades panameñas durante 2026. Hasta la semana epidemiológica más reciente, el virus ha causado 43 fallecimientos, una cifra que mantiene en alerta al sistema de salud y vuelve a poner el foco sobre la baja cobertura de vacunación entre los grupos más vulnerables.
De acuerdo con el Ministerio de Salud, la mayoría de las víctimas eran personas mayores de 65 años. Un dato destaca por encima de los demás: ninguno de los fallecidos había recibido la vacuna contra la influenza correspondiente a la temporada actual.
La situación refuerza una tendencia observada en distintos países, donde los adultos mayores continúan siendo el grupo con mayor riesgo de desarrollar complicaciones graves asociadas a infecciones respiratorias.
Aunque la influenza concentra la mayor atención, no es la única enfermedad bajo seguimiento. El informe epidemiológico registra 2,581 casos de dengue en lo que va del año, incluidos 17 casos clasificados como graves, una señal de que el mosquito transmisor continúa representando un desafío para la salud pública.
El reporte también contabiliza 3,735 casos de malaria y 1,067 de leishmaniasis, enfermedades que mantienen presencia significativa en determinadas regiones del país y que requieren vigilancia constante por parte de las autoridades sanitarias.
Otras enfermedades muestran una incidencia mucho menor. Panamá no ha reportado casos de zika durante 2026, mientras que los contagios de chikungunya permanecen en cuatro. Además, se registran 22 casos de leptospirosis, nueve de hantavirus, siete del virus Oropouche y 46 casos de infestación humana por gusano barrenador.
Para el Ministerio de Salud, las cifras reflejan la necesidad de mantener medidas preventivas básicas que continúan siendo efectivas frente a múltiples amenazas sanitarias. La vacunación, el lavado frecuente de manos, el consumo de agua segura y la eliminación de criaderos de mosquitos siguen siendo las principales recomendaciones para reducir el riesgo de contagio y prevenir complicaciones graves.
A medida que avanza la temporada de enfermedades respiratorias y vectoriales, las autoridades enfrentan un desafío recurrente: convertir las recomendaciones de salud pública en acciones concretas de prevención, especialmente entre los grupos con mayor riesgo de hospitalización y muerte.