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Las autoridades sanitarias advierten que el principal obstáculo ya no es únicamente el acceso a los servicios de salud, sino la falta de apoyo familiar, laboral y social.
La lactancia materna, considerada por la Organización Mundial de la Salud como una de las intervenciones más eficaces para reducir la mortalidad infantil y prevenir enfermedades, sigue enfrentando importantes barreras en Panamá.
Para el Dr. Paul Gallardo, director del Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel, reiteró los beneficios de la lactancia materna y detalló que solo un 28 % de las madres panameñas dan lactancia exclusiva hasta los seis meses de edad.
Explicó que el bajo porcentaje responde a una combinación de factores que comienza incluso antes del nacimiento.
El acompañamiento familiar, la educación durante el embarazo y la eliminación de mitos continúan siendo determinantes para que las madres puedan mantener la lactancia durante los primeros meses de vida del bebé.
“La lactancia materna salva vidas y es una de las medidas más costo-efectivas para prevenir enfermedades”, subrayó el especialista, quien insistió en que el respaldo de la pareja, la familia y el entorno cercano resulta tan importante como la atención médica.
Aunque desde 2025 Panamá cuenta con una legislación que fomenta, garantiza y protege los derechos de las madres trabajadoras y lactantes, el Minsa reconoce que las normas, por sí solas, no han sido suficientes para elevar los indicadores nacionales.
La permanencia de la lactancia depende también de que existan condiciones favorables en los centros de trabajo y una cultura de apoyo dentro de los hogares.
En ese contexto, la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que se celebra del 1 al 7 de agosto, tendrá como lema en 2026 “La lactancia materna: un inicio sostenible en cualquier circunstancia”, una campaña que busca reforzar el conocimiento sobre sus beneficios para la madre, el bebé y toda la familia.
Las autoridades sanitarias sostienen que aumentar la lactancia materna exclusiva no solo representa una inversión en la salud infantil, sino también una estrategia para reducir costos en los sistemas de salud y fortalecer el desarrollo de futuras generaciones.
El reto, concluye, será convertir la protección legal en una práctica cotidiana respaldada por toda la sociedad.
