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Finanzas

El Fondo de Ahorro supera US$3.180 millones; el reto ahora es reducir su concentración en deuda panameña

El patrimonio casi se duplicó por la incorporación de bonos estatales, no solo por rendimientos. La cartera ganó 3,68% en el semestre y aún mantiene 39,8% en deuda de Panamá.

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Vista panorámica de Ciudad de Panamá con el Biomuseo en primer plano
Vista de Ciudad de Panamá y el Biomuseo. Foto: cortesía de PROMTUR Panamá.

El Fondo de Ahorro de Panamá cerró junio con un patrimonio de aproximadamente US$3.183 millones, casi el doble de lo que administraba un año antes. La cifra retrata un fondo más grande, aunque no debe leerse como si todo el aumento hubiera salido de ganancias en los mercados.

La mayor parte del salto provino de la incorporación de bonos de la República de Panamá recibidos a cambio de aportes estatales correspondientes a 2020–2023. En otras palabras, el Estado transformó obligaciones que mantenía con el fondo en títulos de deuda negociables. La operación fortaleció el balance, pero también dejó al vehículo de ahorro nacional con una exposición inusualmente elevada al mismo soberano al que debe servir de respaldo.

Ese matiz es central para entender los resultados financieros divulgados por el FAP. Los activos totales llegaron a US$3.292,5 millones, US$1.571,8 millones más que en junio de 2025. El patrimonio fue menor que los activos por unos US$109,5 millones, principalmente por operaciones en tránsito y pasivos asociados a coberturas de riesgo.

La cartera sí produjo ganancias. Entre enero y junio rindió 3,68% antes de costos, frente a 2,91% de su comparador de referencia. La diferencia de 0,77 puntos porcentuales indica que la gestión agregó valor durante el semestre. En los últimos doce meses, el rendimiento bruto fue 8,35% y el neto, después de gastos, 7,89%. El retorno anualizado a tres años se situó en 8,06%.

Un fondo más grande por una operación del Estado

El cambio de escala comenzó a hacerse visible al cierre de 2025. Los estados auditados de ese año registraron una capitalización de US$1.395,9 millones mediante el canje de pagarés por bonos soberanos. Para marzo de 2026, los activos ya se encontraban en US$3.187,4 millones y el patrimonio neto rondaba US$3.085 millones.

Por eso, comparar únicamente los US$3.183 millones actuales con el saldo de hace un año exageraría la rentabilidad real. El fondo no ganó más de US$1.500 millones invirtiendo: recibió nuevos activos del Estado y, sobre esa base ampliada, obtuvo un rendimiento positivo.

El excedente de ingresos sobre gastos del primer semestre ascendió a US$109,9 millones, US$52,6 millones por encima del mismo período de 2025. El avance se apoyó en mayores intereses y ganancias en valores, pero también en el hecho de que había más capital invertido.

La distinción importa porque el FAP cumple dos propósitos difíciles de conciliar: preservar ahorro para las próximas generaciones y mantener capacidad de respuesta ante una emergencia o una desaceleración severa. Un balance grande ayuda en ambos frentes; la calidad, liquidez y diversificación de los activos determinan qué tan útil será cuando llegue el momento de emplearlo.

La concentración local es la tarea pendiente

Al terminar junio, 39,8% de la cartera estaba invertido en bonos de Panamá. La asignación estratégica aprobada para 2026–2027 fija una banda de apenas 3% a 5% para esos instrumentos. La distancia entre la posición actual y la meta resume el principal desafío de la nueva etapa.

Una reserva nacional demasiado concentrada en deuda del propio país puede sufrir precisamente cuando más se la necesita. Si una crisis fiscal reduce el precio de los bonos panameños al mismo tiempo que el Gobierno requiere apoyo, el fondo enfrentaría presión por ambos lados. La diversificación internacional busca romper esa dependencia.

El FAP sostiene que los bonos recibidos en el canje son una posición temporal y que la desinversión será gradual. Hacerlo de forma ordenada tiene sentido: vender grandes cantidades con prisa puede deteriorar los precios y convertir un objetivo prudente en una pérdida innecesaria.

Ya hay movimiento. Entre marzo y junio, la proporción de instrumentos panameños bajó de 44% a 40%, mientras la exposición a Norteamérica aumentó de 47% a 52%. Además de la deuda local, la cartera tenía 18,5% en renta fija global administrada por BlackRock, Goldman Sachs y Morgan Stanley; 16,3% en acciones ligadas al índice MSCI ACWI; 12,5% en activos de corta duración; y 4,96% en inversiones alternativas.

El plan estratégico pretende llevar los alternativos a una banda de 12% a 15%. Esa clase puede incluir activos menos líquidos y con valoraciones menos frecuentes, por lo que ofrece una fuente distinta de retorno, pero exige disciplina adicional. El 13,03% informado para ese programa es una tasa interna de retorno desde su inicio, con un trimestre de rezago, y no puede compararse directamente con el rendimiento trimestral de acciones o bonos.

Las acciones impulsaron el trimestre

La renta variable fue el principal motor entre abril y junio: ganó 15,05%, ligeramente por encima del 14,93% del MSCI ACWI. La renta fija global rindió 1,71% frente a 1,26% de su referencia, una ventaja que el fondo atribuyó a la selección de crédito. Los bonos panameños aportaron 1,80%, principalmente por cupones, y los activos de corta duración rindieron 0,92% frente a 0,97% del comparador.

El resultado no dependió, por tanto, de una sola apuesta. Las acciones capturaron el avance de los mercados globales, mientras los bonos produjeron intereses y la liquidez mantuvo una reserva disponible. El 96% de la renta fija conserva grado de inversión, aunque la concentración en calificaciones BBB obedece sobre todo a la deuda soberana local recibida en el canje.

Las cifras de riesgo también fueron favorables, con una salvedad. La volatilidad anual de la cartera fue 3,42%, muy próxima al 3,36% de su referencia. El índice de Sharpe —una medida de cuánto retorno se obtiene por el riesgo asumido— llegó a 1,31, frente a 0,73 del comparador. El fondo logró más rendimiento sin separarse mucho del riesgo de su guía.

El tracking error fue de 1,12 puntos porcentuales, dentro del límite de 1,25 establecido en las directrices. El valor en riesgo mensual al 95% se estimó en 1,20%. Dicho en términos sencillos, el modelo calcula que en 95 de cada 100 meses la pérdida no debería exceder ese porcentaje; en el 5% restante puede ser mayor. Para esos escenarios adversos, la pérdida media estimada fue 1,94%. Son herramientas de control, no promesas: los mercados pueden comportarse de maneras que los modelos históricos no anticipan.

Liquidez para cuando el país la necesite

El 12,5% colocado en instrumentos de corta duración constituye una reserva de alta liquidez. Esa porción ofrece menos rentabilidad que los activos más riesgosos, pero puede convertirse en efectivo sin obligar a vender posiciones de largo plazo en un mal momento.

Al 30 de junio, el FAP había ejecutado US$4,94 millones de un presupuesto anual de US$9,19 millones. La gestión de activos, custodia y medición de desempeño y riesgo representó US$2,48 millones. Otros US$1,83 millones correspondieron a la prima del seguro catastrófico contratado por medio del Ministerio de Economía y Finanzas.

El semestre deja así dos conclusiones que pueden coexistir. La administración superó su referencia y mantuvo el riesgo dentro de los límites. Al mismo tiempo, el crecimiento extraordinario del patrimonio nació principalmente de una operación con el Estado y produjo una concentración que todavía debe corregirse.

La medida del éxito en los próximos trimestres no será solamente cuánto rinda el fondo. Será si consigue vender deuda local sin destruir valor, ampliar sus fuentes de retorno y conservar suficiente liquidez. El ahorro soberano se vuelve verdaderamente útil cuando puede resistir una crisis que también golpee al país que lo creó.