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El Niño está recortando la actividad esperada de la temporada de huracanes del Atlántico, pero no elimina el riesgo. La actualización de agosto de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos asigna una probabilidad de 75% a una temporada por debajo de lo normal. Al mismo tiempo, recuerda que los meses de mayor actividad apenas comienzan y que una sola tormenta puede producir un desastre.
El pronóstico de NOAA, emitido el 6 de agosto, contempla entre siete y 13 tormentas con nombre durante toda la temporada, incluidas las dos ya registradas; entre dos y seis podrían convertirse en huracanes y hasta dos alcanzar categorías mayores. La temporada oficial se extiende hasta el 30 de noviembre, pero agosto, septiembre y octubre concentran normalmente la mayor parte de la actividad.
La razón principal de la revisión es un episodio de El Niño que ya altera la circulación atmosférica y se espera que se fortalezca. NOAA calcula una probabilidad de 90% de que sea fuerte o muy fuerte durante el trimestre de mayor actividad. En el Atlántico, ese patrón suele aumentar la cizalladura vertical del viento, que puede desorganizar la formación de ciclones.
Menos tormentas no significa menos preparación
El pronóstico es para toda la cuenca, no para un país. NOAA subraya que no predice cuántos sistemas tocarán tierra ni dónde lo harán, porque la trayectoria depende de patrones que solo pueden conocerse con días de anticipación. Una temporada tranquila en el promedio puede ser devastadora para el lugar que recibe el único impacto directo.
Panamá está fuera de la franja donde ocurren la mayoría de los impactos directos de huracanes, pero no está fuera de sus efectos. Sistemas en el Caribe pueden modificar las lluvias, elevar el oleaje, interrumpir puertos y aviación o producir inundaciones y deslizamientos. Para una economía de servicios y logística, el daño también llega desde otros países: cierres de terminales, pérdidas agrícolas y rutas marítimas alteradas repercuten en suministros y costos.
El Niño añade otra capa. Mientras puede reducir la formación de huracanes atlánticos, cambia la distribución de lluvia en América Central y afecta agricultura, energía y disponibilidad de agua. No es una póliza contra eventos extremos; es un desplazamiento de riesgos.
La utilidad económica de prepararse para un pronóstico incierto
Las empresas no necesitan saber el nombre de la próxima tormenta para revisar seguros, respaldos eléctricos, drenajes, inventarios críticos y planes de continuidad. Los puertos pueden verificar amarres y protocolos; los productores, ajustar calendarios y canales; los municipios, limpiar sistemas de desagüe antes de una alerta. Son decisiones de costo moderado frente a pérdidas que se multiplican cuando se toman tarde.
NOAA prevé una energía ciclónica acumulada de entre 30% y 90% de la mediana. Ese rango amplio expresa lo que todavía no se sabe. También evita una falsa tranquilidad: incluso el extremo inferior puede contener una tormenta intensa o mal ubicada.
El mensaje dominical no es que el Atlántico haya quedado a salvo. Es que la atmósfera ofrece una ventaja parcial en un periodo de máxima vigilancia. El Niño puede reducir el número total de sistemas; no puede decidir cuál encontrará una costa vulnerable.
