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Mirada Económica
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Análisis

El costo de Ormuz viaja del petróleo a los fertilizantes y los alimentos

La interrupción encarece seguros, fletes, energía e insumos agrícolas. Para Panamá, el efecto llega por precios y cambios de rutas, no por una ganancia automática de tráfico.

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Vista aérea de un tanquero de crudo navegando en mar abierto al atardecer
Vista aérea de un tanquero de crudo frente a Galveston, Texas. Photo by Ojas Narappanawar on Pexels.com

El impacto económico del Estrecho de Ormuz no termina en el precio del petróleo. Por la vía también circulan gas natural licuado, azufre, amoníaco y otros insumos que alimentan cadenas de electricidad, transporte, fertilizantes y alimentos. Cuando el tránsito se vuelve incierto, el costo se reparte mucho antes de que una escasez física llegue a una estación de combustible.

La Organización Mundial del Comercio creó con AXSMarine un monitor de alta frecuencia para seguir esos flujos. Su diagnóstico es prudente: la guerra puede reducir el comercio mundial al elevar la energía y obligar a las compañías a reconstruir rutas. Desde marzo, operadores han combinado transporte terrestre y marítimo para evitar el estrecho. Esas alternativas amortiguan la interrupción, pero no reemplazan su capacidad al mismo costo.

El primer recargo aparece en el riesgo

Antes de cambiar una ruta, una naviera cambia su cálculo. Las primas de seguro aumentan; las tripulaciones exigen protección adicional; un fletador pide más margen de tiempo; un banco revisa la financiación de la carga. Ninguno de esos costos aparece como un barril perdido, pero todos llegan a la factura final.

Los grandes exportadores del Golfo tienen algunas salidas por oleoducto hacia el mar Rojo o el golfo de Omán. Son valiosas, aunque insuficientes para sustituir todo el volumen que normalmente cruza Ormuz. El resto compite por capacidad limitada, terminales disponibles y buques dispuestos a entrar en una zona de guerra.

Fertilizantes: el canal menos visible

La región es una fuente importante de gas y productos derivados que se utilizan para fabricar fertilizantes. Por eso una crisis prolongada puede llegar a América Latina como un aumento en el costo de producir arroz, maíz o vegetales, incluso si el país importador no compra petróleo directamente al Golfo. Un informe de Naciones Unidas sobre la crisis recogió una proyección del Banco Mundial según la cual los fertilizantes podían encarecerse más de 30% en 2026.

Para economías pequeñas y abiertas, el golpe suele ser doble. Suben el combustible y los insumos agrícolas, mientras el transporte marítimo incorpora recargos. Los gobiernos pueden contener temporalmente el precio al consumidor mediante subsidios o inventarios, pero trasladan el costo al presupuesto público.

Panamá no está fuera del mapa

El Canal de Panamá no compite directamente con Ormuz: uno conecta océanos y el otro da salida al Golfo Pérsico. Sin embargo, una disrupción prolongada cambia itinerarios, demanda de tanqueros y decisiones sobre inventarios energéticos. También recuerda a las navieras el valor —y el precio— de los puntos de paso que no tienen sustitutos fáciles.

Para Panamá, el efecto más probable no es una avalancha automática de tránsito, sino volatilidad. Algunos recorridos se alargan, otros cargamentos se cancelan y ciertos compradores recurren a proveedores del Atlántico. La Autoridad del Canal, los puertos y los distribuidores de combustible deben leer la crisis como una alteración de redes, no como una simple subida del crudo.

El mercado necesita una institución, no un anuncio

Una tregua puede bajar el precio de futuros en minutos. Restaurar el comercio requiere semanas de pasos seguros, aseguradoras dispuestas a cubrirlos y reglas que sobrevivan a la siguiente declaración política. La Organización Marítima Internacional ha insistido en la libertad de navegación y en la protección de los marinos. Esa institucionalidad es menos espectacular que una escolta naval, pero es la condición para que el estrecho deje de cobrar una prima de incertidumbre al resto del mundo.