El impacto económico del Estrecho de Ormuz no termina en el precio del petróleo. Por la vía también circulan gas natural licuado, azufre, amoníaco y otros insumos que alimentan cadenas de electricidad, transporte, fertilizantes y alimentos. Cuando el tránsito se vuelve incierto, el costo se reparte mucho antes de que una escasez física llegue a una estación de combustible.
La Organización Mundial del Comercio creó con AXSMarine un monitor de alta frecuencia para seguir esos flujos. Su diagnóstico es prudente: la guerra puede reducir el comercio mundial al elevar la energía y obligar a las compañías a reconstruir rutas. Desde marzo, operadores han combinado transporte terrestre y marítimo para evitar el estrecho. Esas alternativas amortiguan la interrupción, pero no reemplazan su capacidad al mismo costo.