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Una diferencia entre las hectáreas que una empresa reporta y las que realmente tiene, una variación en el rendimiento de un cultivo o un aumento en la mortalidad de una operación pecuaria pueden parecer problemas exclusivamente productivos. Pero también pueden convertirse en señales de riesgo financiero.
Especialistas de EY explican que esas variaciones pueden reducir ingresos, elevar costos operativos, afectar la valoración o recuperabilidad de los activos e incidir en los resultados y en las decisiones de una compañía. La conclusión forma parte de un análisis sobre auditoría agropecuaria divulgado por la firma.

“La información financiera tiene detrás una realidad productiva. Por eso es importante validar qué está ocurriendo realmente en el campo y analizar si existen situaciones que puedan representar un riesgo para la operación y que posteriormente tengan incidencia financiera”, explicó Jorge Murcia, ingeniero agrónomo senior de EY para Centroamérica, República Dominicana y Panamá.
En las actividades agrícolas, una revisión puede incluir la validación del área, el tipo y la edad del cultivo, su estado y las condiciones de nutrición del suelo, fertilización, enfermedades, plagas y riego. Esos elementos permiten contrastar los registros de la empresa con lo observado en campo y analizar su relación con el rendimiento y los activos.
Una diferencia en el área reportada ilustra cómo un asunto operativo puede adquirir importancia financiera. La superficie cultivada incide en las estimaciones de producción, los rendimientos esperados y la valoración de los activos. Si la superficie real no coincide con la informada, las proyecciones que dependen de ese dato también requieren revisión.

La tecnología amplía las herramientas disponibles para ese trabajo. Las imágenes satelitales permiten observar la evolución y el estado de la vegetación, mientras que los drones pueden aportar información sobre determinadas áreas y activos. Estas herramientas ayudan a identificar zonas que requieren atención, como aquellas con posibles problemas de inundación o erosión, que después deben verificarse.
En las operaciones pecuarias, el análisis se adapta a las características de cada actividad. En una producción de huevos, por ejemplo, pueden considerarse los niveles de producción y mortalidad, además de las condiciones de agua, temperatura y humedad.
“Una variación en estos indicadores puede representar un riesgo para el rendimiento de la operación”, agregó Murcia.
La auditoría agropecuaria combina conocimientos agrícolas, pecuarios y financieros con capacidades de auditoría. La información obtenida en campo complementa el análisis de los estados financieros y permite construir una visión más amplia de los activos y riesgos de una empresa.
Esta perspectiva puede ser relevante para compañías que buscan fortalecer controles, sustentar decisiones de negocio, acceder a financiamiento, incorporar inversionistas o respaldar planes de crecimiento y expansión.
EY informó que su experiencia en este ámbito incluye trabajos en Panamá, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Guatemala y Ecuador, en actividades como producción de banano, cacao, café, palma, caña de azúcar, cardamomo y teca, además de operaciones pecuarias relacionadas con huevos y aves de engorde.
Sobre EY. EY presta servicios de auditoría, impuestos, asuntos legales, consultoría, estrategia y transacciones. La información corporativa incluida en este texto fue suministrada por la firma.
