Escuchar este artículo
Preparando audio…
¿Por qué importa?
El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe moviliza fondos para la economía azul y la adaptación climática, mientras busca cerrar la brecha de financiación regional.
La falta de recursos y el rezago en las metas de conservación limitan los esfuerzos frente a eventos como sequías e inundaciones. Queda por resolverse cómo transformar los compromisos financieros en inversiones concretas sobre el terreno para proteger la infraestructura y las actividades económicas de la región.
Síntesis generada con IA.
América Latina y el Caribe tienen una ventaja estratégica en la lucha contra el cambio climático: concentran cerca del 50% de la biodiversidad mundial. Sin embargo, convertir ese patrimonio natural en una oportunidad de desarrollo exige cerrar una brecha de financiación que sigue limitando los esfuerzos de conservación y adaptación climática.
Ese fue uno de los principales planteamientos de Lina Mondragón, gerenta de Acción Climática y Biodiversidad Positiva del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), tras la celebración de la 17.ª Conferencia de las Partes sobre biodiversidad (COP17), en Ereván, Armenia.
Durante la cumbre, CAF informó que ha movilizado cerca de US$780 millones en financiación azul en menos de un año y medio, equivalente al 31% de su compromiso de destinar US$2.500 millones a este propósito hasta 2030.
Para Mondragón, el desafío central consiste en ampliar los mecanismos capaces de canalizar recursos públicos y privados hacia la protección de la biodiversidad. La discusión, que ya ocupó un lugar relevante en la COP16 de Cali, Colombia, continúa marcada por el rezago en el cumplimiento de las metas internacionales de conservación.
La ejecutiva expresó a medios de Europa, la importancia de incorporar a los gobiernos locales y a las comunidades en las decisiones ambientales. Durante la COP17, CAF trabajó con autoridades ambientales de Brasil y destacó la participación de administradoras y gobernadoras colombianas para llevar la perspectiva de los territorios a las negociaciones internacionales.
La apuesta del organismo financiero es vincular el conocimiento científico con las decisiones de inversión y convertir el capital natural latinoamericano en una ventaja competitiva. En ese escenario, la bioeconomía aparece como una oportunidad para generar nuevas actividades productivas, atraer inversiones y fortalecer el posicionamiento internacional de la región.
Mondragón considera que la biodiversidad y la agenda climática deben abordarse de manera conjunta. La naturaleza, sostuvo, ofrece soluciones frente al calentamiento global, los fenómenos extremos y los riesgos que amenazan la infraestructura y las actividades económicas.
Esta conexión también estará presente en la próxima Cumbre del Clima, prevista del 9 al 20 de noviembre en Antalya, Turquía, donde la adaptación y la resiliencia volverán a ocupar un lugar central en las discusiones internacionales.
La naturaleza como activo económico
El reto para atraer capital privado hacia proyectos de restauración y negocios basados en la naturaleza consiste en incorporar el valor de los ecosistemas y su capacidad de reducir riesgos dentro de las estructuras financieras.
Para ello, CAF trabaja con científicos y especialistas en la generación de información que permita a inversionistas y mercados de capitales reconocer los beneficios económicos de la biodiversidad y las soluciones basadas en la naturaleza.
La institución considera que los bancos de desarrollo pueden desempeñar un papel decisivo al traducir esos beneficios ambientales en criterios concretos de inversión, evaluación de riesgos y estructuración de proyectos.
Mondragón también defendió una mayor participación de bancos nacionales, agencias de fomento, organismos multilaterales y empresas privadas en las negociaciones climáticas. Su incorporación, explicó, permitiría que los recursos lleguen con mayor rapidez a los proyectos que se ejecutan en los territorios.
Adaptación climática y financiación para El Niño
La adaptación al cambio climático constituye otra prioridad para América Latina y el Caribe, una región expuesta a sequías, inundaciones y fenómenos meteorológicos cada vez más exigentes para sus economías e infraestructuras.
En respuesta, CAF impulsa mecanismos de gestión del riesgo de desastres, cooperación regional, intercambio de información y financiación contingente, además de seguros e instrumentos de transferencia de riesgos que permitan atender emergencias y reducir sus consecuencias económicas.
Entre las iniciativas mencionadas figura el canje de deuda por naturaleza de El Salvador, en el que CAF participó junto con otras entidades. La operación permitió generar ahorros destinados al saneamiento y al fortalecimiento de la resiliencia del río Lempa, una fuente esencial de abastecimiento de agua para San Salvador.
El banco también incorpora criterios climáticos y de resiliencia en sus operaciones, como parte de su objetivo de que la financiación verde represente el 50% de sus aprobaciones en 2030. A esto se suma un respaldo financiero de US$1.000 millones para países de América Latina y el Caribe frente a los impactos del fenómeno de El Niño.
La apuesta de CAF refleja un cambio en la manera de entender la riqueza natural de la región: conservar los ecosistemas ya no es solamente una obligación ambiental, sino también una decisión económica vinculada con la seguridad hídrica, la infraestructura, la productividad y la competitividad.
El verdadero desafío será transformar los compromisos financieros en inversiones concretas sobre el terreno. América Latina posee buena parte del capital natural que el mundo necesita para enfrentar la crisis climática; ahora debe conseguir que esa riqueza se traduzca en recursos, protección efectiva y desarrollo sostenible.
