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¿Por qué importa?
Cáritas Panamá advierte que la reconstrucción tras el terremoto debe superar la ayuda de emergencia para convertirse en un proyecto de desarrollo comunitario que corrija el abandono histórico.
La propuesta afecta a las familias damnificadas y poblaciones rurales de menores ingresos, cuyas comunidades presentaban centros de salud cerrados y escuelas sin funcionar antes del sismo. Queda pendiente definir cómo se agilizará la entrega de recursos gubernamentales y de qué manera participarán los campesinos en la construcción de sus viviendas para reducir la vulnerabilidad frente a futuras emergencias climáticas.
Síntesis generada con IA.
La reconstrucción de las comunidades afectadas por el terremoto no puede limitarse a entregar alimentos, atender necesidades inmediatas y reparar viviendas. Debe convertirse en una oportunidad para corregir décadas de abandono institucional y establecer un modelo de desarrollo sostenible desde las propias poblaciones, advirtió Maribel Jaén, representante de Cáritas Panamá.
Jaén señaló que la emergencia dejó al descubierto las condiciones precarias en las que vivían numerosas familias, particularmente en comunidades donde escuelas y centros de salud llevaban años sin funcionar. Según relató, durante los recorridos de asistencia encontraron personas que denunciaban que algunos centros de salud permanecían cerrados desde hacía cinco años.
A su juicio, aunque la atención humanitaria es urgente e indispensable, el país debe avanzar hacia una estrategia que permita a las comunidades recuperar su capacidad productiva, participar en las decisiones sobre su futuro y reducir su vulnerabilidad ante nuevas emergencias.
«Tenemos que pasar de la visión asistencial, que es importante y urgente, a un proyecto de desarrollo que tome en cuenta las comunidades», sostuvo.
La representante de Cáritas advirtió que el terremoto ocurre en un contexto de crisis climática que amenaza con provocar nuevos impactos sociales y económicos, especialmente entre las poblaciones rurales y de menores ingresos. En ese sentido, recordó la reflexión del papa Francisco sobre la relación entre la degradación ambiental y la desigualdad social: «El grito de la tierra es el grito de los pobres».
Para Jaén, la respuesta debe incluir políticas públicas de desarrollo sostenible, gestión de riesgos y preparación comunitaria, de manera que las capacidades necesarias para enfrentar futuras crisis permanezcan en los territorios y no dependan exclusivamente de la asistencia externa.
Uno de los asuntos más urgentes es la reconstrucción de las viviendas. Aunque reconoció que los alojamientos temporales han permitido atender a las familias damnificadas, subrayó que la población quiere regresar a sus hogares y recuperar sus condiciones de vida.
También pidió agilizar la entrega de los recursos gubernamentales destinados a la reconstrucción, particularmente ante la continuidad de las lluvias. Consideró que los propios campesinos deben tener participación directa en la construcción de sus viviendas, con los controles de transparencia correspondientes.

«Los recursos tienen que llegar a las poblaciones y tienen que ser dirigidos por la población afectada», afirmó.
Cáritas Panamá desarrolla una estrategia de asistencia con apoyo del Banco General y trabaja en una segunda etapa enfocada en recuperar los medios de vida de las familias. Las acciones incluyen seguridad alimentaria y acompañamiento emocional, mientras prepara una tercera fase orientada a impulsar proyectos productivos y nuevas formas de economía solidaria.
La organización también busca sumar voluntarios y establecer alianzas con el sector privado y profesionales de la construcción. Jaén indicó que ya ha conversado con la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos para explorar su colaboración en la reconstrucción de viviendas.
«Tenemos que aprender y dejar capacidades instaladas en nuestras organizaciones y comunidades», insistió.
Por su parte, el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, puso el acento en las consecuencias emocionales que el terremoto ha dejado entre los niños, muchos de los cuales experimentaron miedo e incertidumbre al ver afectadas sus viviendas, escuelas y entornos cotidianos.
«Hoy pienso especialmente en los niños que han vivido el terremoto, en los niños que han sentido miedo, que han visto afectadas sus casas y sus escuelas. Ellos necesitan ser escuchados, acompañados y consolados», manifestó.
Ulloa sostuvo que la recuperación no debe concentrarse únicamente en reconstruir la infraestructura, sino también en restablecer la tranquilidad y la confianza de los menores. «No basta con reconstruir paredes. Tenemos que ayudarles a recuperar tranquilidad, confianza y la alegría de su infancia», expresó.
El arzobispo vinculó además la emergencia con las próximas celebraciones patrias de noviembre y señaló que la solidaridad y el compromiso con quienes atraviesan dificultades también forman parte de la identidad nacional.
«La patria no se honra solamente levantando la bandera, sino también levantando al hermano que ha caído», afirmó.
Asimismo, pidió a las parroquias convertirse en espacios de acogida y protección para niños, jóvenes, adultos mayores y familias afectadas por la crisis.
La reconstrucción, en definitiva, pondrá a prueba algo más que la capacidad del país para reparar los daños del terremoto. Como advierte Cáritas, el desafío será evitar que, una vez superada la emergencia, las comunidades regresen a las mismas condiciones de abandono que las hicieron vulnerables.
La verdadera recuperación comenzará cuando la ayuda se transforme en oportunidades, autonomía y desarrollo para quienes históricamente han quedado al margen.
