Petróleo y gas consolidan nuevo auge energético en América Latina impulsado por Guyana, Brasil y México

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La industria petrolera y gasífera de América Latina y el Caribe atraviesa una nueva etapa de expansión que está redefiniendo el mapa energético global. Así lo revela el más reciente informe de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), que destaca un fuerte crecimiento de la producción regional de hidrocarburos durante 2025, impulsado principalmente por el boom petrolero de Guyana y el liderazgo sostenido de Brasil y México.

El reporte, titulado Panorama 2025: Producción y comercio exterior de petróleo y gas natural en América Latina y el Caribe, señala que la región aportó aproximadamente el 11% del suministro mundial de petróleo y cerca del 6% de gas natural durante 2025. La producción petrolera regional creció 20% interanual, mientras que la producción de gas natural aumentó 10%, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, cambios en los mercados energéticos y una creciente demanda asiática.

Uno de los principales motores de este crecimiento ha sido Guyana, país que en menos de una década pasó de no figurar entre los productores relevantes de crudo a convertirse en uno de los casos de expansión petrolera más acelerados del mundo. Las operaciones lideradas por ExxonMobil en aguas profundas han disparado la producción y transformado la economía guyanesa, generando tasas récord de crecimiento económico y atrayendo inversiones multimillonarias al Caribe sudamericano.

Brasil continúa consolidándose como la mayor potencia petrolera de América Latina gracias a la expansión de sus campos offshore en el presal. El país mantiene niveles históricos de producción superiores a los tres millones de barriles diarios y se ha convertido en uno de los actores estratégicos del suministro global fuera de la OPEP. México, por su parte, conserva un papel clave tanto en petróleo como en gas natural, aunque enfrenta crecientes desafíos por su alta dependencia de importaciones de gas provenientes de Estados Unidos.

Según OLACDE, el 46% de la producción regional de petróleo fue destinada a exportaciones durante 2025. China se consolidó como el principal destino del crudo latinoamericano al concentrar el 31% de las exportaciones petroleras regionales, seguida por Estados Unidos y la Unión Europea. Este comportamiento refleja el creciente peso de Asia dentro del comercio energético internacional y la estrategia china de asegurar suministro estable de materias primas.

En el mercado gasífero, el informe destaca que el 59% de las importaciones regionales de gas natural provienen de Estados Unidos, profundizando la integración energética de América del Norte. México aparece como uno de los países más dependientes del gas estadounidense, utilizado principalmente para generación eléctrica e industria.

Mientras tanto, Argentina y Trinidad y Tobago mantienen posiciones estratégicas como exportadores regionales de gas natural licuado (GNL). En el caso argentino, el desarrollo de Vaca Muerta ha fortalecido el superávit energético y convertido al sector hidrocarburífero en uno de los principales motores exportadores del país.

El informe de OLACDE sostiene que, pese al avance acelerado de las energías renovables, la electrificación y la transición energética, el petróleo y el gas natural seguirán teniendo un peso determinante en la matriz energética regional durante las próximas décadas. Bajo las proyecciones actuales, ambos combustibles mantendrían participaciones cercanas al 26% cada uno dentro de la matriz primaria energética de América Latina y el Caribe hacia 2050.

Paralelamente, la región avanza hacia una mayor participación de energías limpias. OLACDE reportó que el 68% de la nueva capacidad eléctrica instalada en 2025 provino de fuentes renovables y que la generación eólica y solar aumentó 19% respecto al año anterior. Además, la movilidad eléctrica muestra una expansión acelerada, con un incremento cercano al 851% en vehículos electrificados entre 2022 y 2025.

Sin embargo, el organismo advierte que la transición energética latinoamericana requerirá enormes inversiones en infraestructura, almacenamiento energético y modernización de redes. Bajo un escenario de descarbonización acelerada, América Latina necesitaría incorporar cerca de 1,000 GW adicionales de capacidad eléctrica hacia 2050, con inversiones estimadas cercanas a 1.5 billones de dólares.

El crecimiento simultáneo de los hidrocarburos y las energías renovables refleja una realidad compleja para la región: mientras los países avanzan hacia metas de descarbonización, el petróleo y el gas continúan siendo fundamentales para sostener ingresos fiscales, exportaciones, generación eléctrica y seguridad energética.

Para América Latina y el Caribe, el desafío no solo será acelerar la transición energética, sino también administrar estratégicamente el auge actual de los hidrocarburos en un escenario global cada vez más competitivo y geopolíticamente sensible.

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