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El consumidor estadounidense perdió impulso en julio. Las ventas minoristas y de servicios de alimentos alcanzaron US$763.600 millones, una caída mensual de 0,6%, según el informe publicado este viernes por la Oficina del Censo.
La comparación anual sigue siendo positiva: las ventas estuvieron 5% por encima de julio de 2025. El contraste sugiere una economía que todavía crece, pero con hogares más selectivos después de meses de precios altos y condiciones financieras exigentes.
Una señal incómoda para los mercados
El dato llegó cuando Wall Street se encontraba cerca de máximos. A media sesión, el S&P 500 cedía 0,2%, el Nasdaq 0,5% y el Dow Jones 113 puntos, de acuerdo con The Associated Press.

El rendimiento del bono del Tesoro a diez años rondaba 4,68%, mientras el petróleo Brent se situaba cerca de US$87,88 por barril. Esa combinación mantiene viva una dificultad para la Reserva Federal: una demanda más débil favorece recortes de tasas, pero la energía cara puede sostener presiones inflacionarias.
El promedio de ventas entre mayo y julio creció 6,3% frente al mismo periodo del año anterior. Por eso, una caída mensual no equivale por sí sola a una recesión. Es una advertencia de que el gasto ya no avanza con la misma facilidad.
Por qué importa fuera de Estados Unidos
La economía estadounidense compra bienes, servicios y viajes al resto del mundo. Si sus hogares reducen el gasto de forma persistente, la desaceleración puede alcanzar exportadores, destinos turísticos y cadenas logísticas, incluido Panamá.
La próxima lectura será decisiva para distinguir entre una pausa y un cambio de tendencia. Por ahora, los mercados recibieron un mensaje mixto: el crecimiento continúa, pero el consumidor que lo sostuvo empieza a mostrar límites.