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Ciudad de Panamá, 10 de septiembre 2026. La creación del Grupo Multipartidista de Intercambio Parlamentario Panamá-Taiwán ha abierto un nuevo frente en la política exterior panameña. Aunque sus promotores insisten en que no modifica las relaciones diplomáticas con Beijing, la reacción de China y el respaldo público de un senador estadounidense revelan que el asunto difícilmente puede ser interpretado como un intercambio parlamentario rutinario.
La señal más significativa llegó desde Washington. John Curtis, presidente del Subcomité del Hemisferio Occidental del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense, calificó la iniciativa como “un paso importante” y vinculó explícitamente los vínculos entre Panamá, Estados Unidos y Taiwán con la posición estratégica que ocupa el país por el Canal de Panamá.
Esa referencia importa. Para Estados Unidos, Panamá no es solamente un socio diplomático latinoamericano. Su Canal constituye una infraestructura crítica para el comercio mundial y convierte cualquier giro en la política exterior panameña hacia China o Taiwán en un asunto con consecuencias que pueden superar el ámbito bilateral.
Para Beijing, el cálculo es diferente, pero igualmente estratégico. China estableció relaciones diplomáticas con Panamá en 2017 bajo el principio de una sola China, después de que el país rompiera sus relaciones oficiales con Taiwán. Desde esa perspectiva, la creación de un mecanismo institucional de intercambio con el Legislativo taiwanés puede ser percibida como una apertura política que, aunque no constituya un reconocimiento diplomático, erosiona el espacio que Beijing considera reservado a sus relaciones con Panamá.
El punto central, por tanto, no está únicamente en lo que el nuevo grupo parlamentario puede hacer, sino en lo que representa.
Con 46 de los 71 diputados incorporados, la iniciativa posee una dimensión política considerable dentro de la Asamblea Nacional. Además, los tres viajes de delegaciones panameñas a Taiwán desde noviembre de 2025 muestran que no se trata de un episodio aislado, sino de una relación parlamentaria que ha venido adquiriendo continuidad y profundidad.
La participación de diputados vinculados a la Alianza Interparlamentaria sobre China (IPAC), una organización internacional que mantiene una posición crítica frente a Beijing, añade otra capa al escenario.
Los intercambios previstos —comercio, tecnología, innovación, agrotecnología y transferencia de conocimiento— pueden ser defendidos legítimamente como diplomacia parlamentaria. Pero en la geopolítica contemporánea, los intercambios económicos y tecnológicos rara vez están completamente separados de la estrategia internacional.
Ahí aparece la tensión con el Ejecutivo.
El presidente José Raúl Mulino ha marcado distancia con los viajes e intercambios de diputados panameños con Taiwán y ha dejado claro que esas actividades no cuentan con el aval del Órgano Ejecutivo. Esa posición busca preservar una diferencia fundamental: una cosa es la iniciativa individual o parlamentaria y otra la política exterior oficial del Estado.
La distinción puede resultar jurídicamente y políticamente útil, pero no elimina el problema diplomático. En política internacional, las señales también cuentan. Un grupo multipartidista de 46 diputados, respaldado públicamente por un senador estadounidense de alto perfil, puede ser interpretado en Beijing como una señal de que dentro de Panamá existe un movimiento político dispuesto a ampliar los vínculos con Taiwán, aun sin plantear formalmente un cambio de reconocimiento diplomático.
Para Washington, en cambio, el episodio ofrece una oportunidad para reforzar la relación con Panamá desde un ángulo que combina democracia, seguridad, comercio y competencia estratégica con China. La declaración de Curtis deja entrever precisamente esa lógica: defender el derecho de los países a mantener intercambios con Taiwán sin sentirse sometidos a presiones de Beijing.
Panamá queda así en una posición especialmente sensible.
El país mantiene relaciones diplomáticas con China, pero al mismo tiempo conserva una relación histórica, económica y estratégica con Estados Unidos. Y ahora surge dentro de su propio Parlamento una estructura que busca profundizar los contactos con Taiwán, una isla cuya condición internacional constituye uno de los puntos más delicados de la rivalidad entre Washington y Beijing.
El desafío para Panamá será evitar que la diplomacia parlamentaria termine convirtiéndose, deliberadamente o no, en una política exterior paralela.
La economía también forma parte de esta ecuación. Taiwán representa capacidades particularmente atractivas para Panamá en tecnología, innovación, agricultura y cadenas productivas. China, por su parte, es una potencia económica con la que Panamá mantiene relaciones diplomáticas y crecientes intereses comerciales. Estados Unidos continúa siendo un actor fundamental para la seguridad, el comercio y la posición estratégica del Canal.
La pregunta que comienza a emerger no es, entonces, si Panamá puede conversar con Taiwán. Puede hacerlo a través de distintos mecanismos de intercambio no diplomático. La cuestión más delicada es hasta dónde puede avanzar esa relación sin alterar el equilibrio diplomático que Panamá estableció con Beijing en 2017.
La declaración de Curtis coloca esa pregunta bajo una luz todavía más intensa. Al respaldar públicamente la iniciativa panameña, Washington convierte un movimiento parlamentario en una señal dentro de la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China.
Panamá tendrá que caminar una línea estrecha: aprovechar las oportunidades de cooperación con Taiwán sin convertirlas en un desafío directo a Beijing, mientras preserva su relación estratégica con Estados Unidos y evita que el Canal termine siendo utilizado como moneda de presión diplomática.
En esa disputa, la Asamblea puede abrir puertas, pero será el Ejecutivo quien tenga que administrar las consecuencias. Y en un país cuyo principal activo estratégico conecta dos océanos y mueve una parte esencial del comercio mundial, cada puerta que se abre hacia una potencia puede cerrar, aunque sea parcialmente, otra.
El verdadero riesgo para Panamá no es dialogar con Taiwán. Es perder el control sobre el significado que ese diálogo adquiere en la rivalidad entre Washington y Beijing.
