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El Canal suele ocupar la primera línea del itinerario, pero no agota el viaje. En un territorio relativamente compacto, Panamá permite pasar de una capital de rascacielos y bosque tropical a una costa tranquila y, después, ascender hasta un pueblo construido dentro de una antigua caldera volcánica.
Una selección preparada por Decameron reúne tres paradas para mirar el país más allá de su vía interoceánica: Ciudad de Panamá, la Riviera Pacífica y la ruta que conecta El Valle de Antón con la Isla Farallón. La cadena hotelera opera un complejo en Farallón y presenta esa costa como base para recorrer los tres entornos.
“Panamá no es solo un puente geográfico; es un destino con una diversidad de contrastes imposible de encontrar en otra parte”, afirmó Johana Cuan, directora de Marketing Corporativo de Decameron. La propuesta combina ciudad, naturaleza y playa sin obligar al viajero a escoger una sola experiencia.
1. Ciudad de Panamá: una capital entre piedra, vidrio y bosque
La primera parada funciona por contraste. La silueta moderna de la Cinta Costera y su distrito financiero convive con el Casco Antiguo, donde plazas, iglesias, fachadas restauradas y una oferta gastronómica creciente cuentan otra etapa de la ciudad.
La diferencia aparece con mayor claridad al internarse en el Parque Natural Metropolitano, ubicado en Ancón. Su sitio oficial lo describe como el único parque natural dentro de una urbe metropolitana de Latinoamérica. Conserva algo más de 232 hectáreas de bosque húmedo y bosque seco tropical.
Los senderos y miradores permiten observar el perfil urbano desde el bosque, además de buscar parte de las 230 especies de aves y 52 especies de mamíferos registradas por el parque. Esa proximidad convierte la visita en algo poco habitual: no exige abandonar la capital para cambiar completamente de paisaje.
Desde allí, el Canal vuelve a entrar en el recorrido, pero como parte de una geografía más amplia. La cuenca del río Chagres, los bosques de la franja canalera y la ciudad muestran que la obra de ingeniería no está aislada del territorio que la sostiene.
2. La Riviera Pacífica: la pausa junto al mar
Al oeste de la capital, la Carretera Interamericana conduce hacia una franja de playas conocida como la Riviera Pacífica. Decameron sitúa Farallón, en Río Hato, aproximadamente a 90 minutos de Ciudad de Panamá, aunque el tiempo real depende del tráfico y del punto de salida.
Farallón pasó de aldea vinculada a la pesca artesanal a zona estratégica durante la presencia militar de la década de 1980. Su transformación posterior la convirtió en uno de los polos de alojamiento de playa del Pacífico panameño, con arena clara, aguas cálidas y acceso por carretera desde la capital.
La costa ofrece una pausa después de las caminatas urbanas. También sirve como punto intermedio para viajeros que quieren combinar días de playa con excursiones, en lugar de trasladarse de hotel cada noche. La elección resulta práctica para familias o grupos con intereses distintos.

3. Del mar a la montaña: El Valle de Antón y la Isla Farallón
La tercera parada se divide en dos direcciones. Hacia la cordillera se encuentra El Valle de Antón, una comunidad asentada sobre el suelo de una caldera volcánica. Hacia el Pacífico sobresale la Isla Farallón, un peñón que concentra paseos en lancha, observación de aves y esnórquel.
El Programa de Vulcanismo Global del Smithsonian calcula que la caldera de El Valle tiene unos seis kilómetros de ancho. Sus paredes se elevan entre 200 y 300 metros sobre el fondo, hoy ocupado por el pueblo.
El clima más fresco cambia de nuevo el ritmo del viaje. Los senderos, las cascadas, los bosques nubosos y el mercado de artesanías permiten dedicar un día a caminar y recorrer el pueblo antes de regresar a la costa. La antigua historia volcánica se percibe en la forma cerrada del valle y las montañas que lo rodean.
La Isla Farallón ofrece el movimiento inverso: de la montaña al agua. La visita depende del estado del mar y de operadores locales, por lo que conviene confirmar las condiciones, el equipo incluido y las medidas de seguridad antes de contratar una salida.
Una base para moverse, no para quedarse encerrado
El Grand Decameron Panamá, A Trademark All Inclusive, forma parte de la oferta hotelera de Farallón y es la base sugerida por la empresa que preparó este recorrido. El complejo combina alojamiento, piscinas, restaurantes, entretenimiento y un mostrador para excursiones.
La cadena ha ampliado recientemente el establecimiento con registro web y servicios diferenciados. Su página oficial señala que el plan todo incluido cubre alojamiento, comidas, bebidas y varias actividades; las excursiones y otros servicios deben verificarse al reservar.
El valor del itinerario está en no tratar a Panamá como una escala de una sola fotografía. La capital, la costa y la caldera de El Valle caben en un mismo viaje, pero ofrecen experiencias distintas. Más allá del Canal, el verdadero atractivo es la facilidad con la que el paisaje vuelve a empezar.
Esta nota fue elaborada a partir de información y material fotográfico suministrados por Decameron, contrastados con fuentes del Parque Natural Metropolitano y del Smithsonian.
