Investigadores buscan en la placenta nueva ruta contra la diabetes

Investigadores buscan en la placenta nueva ruta contra la diabetes - Panamá y Centroamérica

Ciudad de Panamá, 22 de junio 2026. En el laboratorio del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, un grupo de jóvenes científicos trabaja con un material que durante décadas fue considerado un simple desecho médico: la placenta humana. Hoy, ese tejido se ha convertido en la base de una investigación que podría abrir una nueva frontera en el tratamiento de la diabetes.

El equipo, liderado por la biotecnóloga panameña Mairim Solís, estudia células madre mesenquimales extraídas de placentas donadas para determinar si pueden transformarse en células beta pancreáticas, las encargadas de producir insulina, la hormona esencial para regular el azúcar en la sangre.

La apuesta científica no es menor. En la diabetes tipo 1, el sistema inmunológico destruye precisamente esas células del páncreas, obligando a quienes la padecen a depender de inyecciones diarias de insulina para sobrevivir. Antes de su descubrimiento, en 1921, la enfermedad era prácticamente una sentencia de muerte. Un siglo después, la medicina ha conseguido prolongar y mejorar la vida de millones de pacientes, pero la posibilidad de restaurar la producción natural de insulina sigue siendo una de las grandes promesas de la biotecnología moderna.

En Panamá, donde la prevalencia de diabetes ronda el 14% —lo que equivale a unas 200 mil personas, en su mayoría con diabetes tipo 2 y en menor proporción tipo 1—, la investigación del Gorgas se inserta en una necesidad sanitaria creciente, pero también en una conversación más amplia sobre el lugar que puede ocupar la ciencia panameña en áreas de alta complejidad.

Las células madre han capturado la atención de la medicina regenerativa por una razón fundamental: su capacidad para transformarse en distintos tipos de células del cuerpo. Como una semilla que puede dar origen a diferentes partes de una planta, estas células tienen el potencial de convertirse en tejido muscular, sangre, hueso, cartílago, neuronas o células pancreáticas. Algunas se obtienen en etapas tempranas del desarrollo embrionario, otras se encuentran en tejidos adultos como la médula ósea, la sangre, el cordón umbilical o la placenta.

Es precisamente en este último tejido donde el equipo de Solís ha centrado su trabajo. Tras regresar a Panamá luego de completar su doctorado en Taiwán, la investigadora abrió en 2017 una línea de investigación en células madre dentro del Gorgas, con apoyo de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt).

En una primera etapa, el grupo reclutó mujeres embarazadas sanas, de entre 18 y 42 años, que darían a luz mediante cesárea en el Hospital Santo Tomás y el Hospital Nacional. Con las debidas aprobaciones bioéticas, obtuvieron 50 placentas donadas, de las cuales aislaron células madre mesenquimales y construyeron un biorrepositorio para futuras investigaciones en terapias celulares y medicina regenerativa. Ese estudio fue publicado en 2021.

Desde entonces, el laboratorio ha avanzado en un proceso delicado: cultivar esas células madre y exponerlas a señales químicas específicas para inducir su transformación en células pancreáticas capaces de producir insulina. El equipo se encuentra ahora en la fase de validación de esa capacidad y en la adaptación de protocolos que permitan confirmar no solo la diferenciación celular, sino también la producción efectiva de insulina.

El siguiente paso será decisivo: los estudios preclínicos. Allí se evaluará si estas células, una vez convertidas en células pancreáticas, pueden comportarse de forma funcional y segura en modelos biológicos vinculados a la diabetes tipo 1. El desafío no es únicamente técnico. También implica resolver una de las barreras más complejas de la medicina regenerativa: cómo evitar que el sistema inmunológico ataque las nuevas células, tal como ocurre con las originales en los pacientes con diabetes tipo 1.

“Mi meta final es llegar a una aplicación terapéutica trabajando desde una institución pública como el Gorgas y formar más especialistas en células madre en Panamá”, ha dicho Solís, quien además busca consolidar una masa crítica de investigadores en un campo que exige años de formación, infraestructura sofisticada y cooperación internacional sostenida.

Ese horizonte incluye una segunda revolución biotecnológica. Hasta ahora, el trabajo de Solís se ha concentrado en células madre adultas naturales. Pero una estancia postdoctoral en Bélgica la llevó a interesarse también por las llamadas células pluripotentes inducidas, o iPSC, una de las herramientas más prometedoras de la medicina contemporánea.

Estas células se obtienen al reprogramar células adultas mediante ingeniería genética para devolverlas a un estado similar al embrionario, con capacidad de transformarse en casi cualquier tejido del organismo.

El hallazgo, desarrollado por el científico japonés Shinya Yamanaka, transformó el campo y le valió el Premio Nobel de Medicina en 2012. Su importancia radica en que permite trabajar con células del propio paciente, ampliando el potencial terapéutico y reduciendo algunos dilemas éticos asociados a las células embrionarias, cuyo uso en investigación está prohibido en Panamá.

Solís espera incorporar esa tecnología al ecosistema científico local a través de colaboraciones con el laboratorio del Dr. Vincent Pasque, del Stem Cell Institute de la Universidad KU Leuven, en Bélgica. De lograrlo, Panamá podría entrar en una nueva etapa de investigación biomédica, conectada con una de las áreas más competitivas y transformadoras de la ciencia global.

La ambición del equipo no termina en la diabetes.

En paralelo, los investigadores exploran una posible aplicación de estas células madre en la regeneración de la piel en pacientes con quemaduras o lesiones cutáneas severas.

En colaboración con científicos de México y Brasil, presentaron una propuesta ante la Agencia Internacional de Energía Atómica para estudiar si las células madre de placenta, combinadas con una matriz extracelular desarrollada por el investigador Rolando Gittens, de Indicasat AIP, pueden integrarse en un “andamio biológico” que favorezca la reparación del tejido dañado.

El proyecto se enfocaría, en particular, en lesiones provocadas por radiación, que pueden generar daños similares a las quemaduras profundas.

La hipótesis es audaz, aunque todavía preliminar: que estas células no solo puedan convertirse en tejido útil, sino también emitir las señales biológicas necesarias para acelerar la regeneración de la piel. Si consigue financiamiento y supera las etapas preclínicas, el proyecto abriría una nueva línea de investigación para Panamá en medicina regenerativa, más allá de la diabetes.

Por ahora, en los laboratorios del Gorgas, la promesa sigue contenida en pequeñas muestras celulares y en largos procesos de validación. Pero el sentido de la investigación es claro: convertir un tejido desechado en una herramienta para reparar órganos dañados, devolver funciones perdidas y, tal vez, cambiar la historia de enfermedades que durante décadas solo pudieron controlarse, nunca curarse.

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