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El Niño amenaza convertir Centroamérica en uno de los principales focos de hambre en 2027

El fenómeno climático podría elevar en 83,1% la inseguridad alimentaria en Centroamérica, el mayor incremento proporcional previsto por el Programa Mundial de Alimentos.

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El Niño amenaza convertir Centroamérica en uno de los principales focos de hambre en 2027 - Panamá y Centroamérica
El WFP estima que Centroamérica registraría un aumento de 83,1% en la inseguridad alimentaria, el mayor incremento proporcional entre las regiones analizadas.

Ciudad de Panamá, 12 de agosto 2026. Centroamérica se perfila como una de las regiones más expuestas al próximo golpe de El Niño. El fenómeno climático, que se intensificaría entre septiembre y diciembre de 2026, podría dejar sus efectos sobre las cosechas y el acceso a los alimentos durante buena parte de 2027, según un análisis del Programa Mundial de Alimentos (WFP) de Naciones Unidas.

La advertencia llega antes de que el impacto alcance su máxima intensidad. Para entonces, comunidades que dependen de la agricultura y que ya enfrentan pobreza, inestabilidad económica y fenómenos meteorológicos extremos podrían encontrarse ante una combinación particularmente peligrosa: sequías, lluvias intensas, inundaciones y temperaturas elevadas. Estudio WFP Aquí.

El WFP estima que Centroamérica registraría un aumento de 83,1% en la inseguridad alimentaria, el mayor incremento proporcional entre las regiones analizadas.

El riesgo no es aislado. En América Latina y el Caribe, más de 16 millones de personas podrían verse afectadas por un deterioro de su seguridad alimentaria como consecuencia de los efectos de El Niño.

A escala mundial, el escenario es aún más preocupante. El análisis, que abarca 45 países que ya enfrentan inseguridad alimentaria, calcula que al menos 49 millones de personas adicionales podrían caer en inseguridad alimentaria aguda para finales de 2027.

Eso elevaría de unos 225 millones a 274 millones el número de personas que no pueden satisfacer adecuadamente sus necesidades alimentarias diarias en esos países, un aumento cercano al 22%.

El impacto llegará después del fenómeno

El principal desafío para los gobiernos y las organizaciones humanitarias es que el impacto de El Niño no necesariamente termina cuando cambia el patrón climático.

Una sequía o una inundación durante una temporada de siembra puede destruir una cosecha y afectar también los siguientes ciclos agrícolas. Para los hogares que viven de la agricultura de subsistencia, una pérdida de producción puede traducirse rápidamente en menos alimentos, menores ingresos y mayor endeudamiento.

“Cuanto antes ayudemos a las familias a prepararse para estos choques climáticos, mayor será nuestra capacidad para salvar vidas y proteger los medios de subsistencia”, afirmó Carl Skau, director ejecutivo en funciones del WFP.

La organización ya activó mecanismos de respuesta anticipada en Guatemala, Honduras y El Salvador, además de Sudán del Sur, Chad, Mauritania y Uganda. Desde mayo, estas operaciones han movilizado más de 14 millones de dólares para asistir a unas 500.000 personas.

La estrategia busca actuar antes de que llegue la emergencia: disponer de financiamiento, transferencias digitales, seguros contra desastres y otros mecanismos que permitan a las comunidades responder rápidamente ante pérdidas de cosechas, inundaciones o sequías.

La experiencia ofrece una razón económica para actuar antes. Según el WFP, cada dólar invertido en programas preventivos frente a episodios anteriores de El Niño permitió evitar entre 3 y 7 dólares en pérdidas y costos posteriores de respuesta.

Un problema que va más allá de Centroamérica

Aunque Centroamérica aparece como el principal foco proporcional de riesgo, el deterioro de la seguridad alimentaria tendría una dimensión global.

En África Oriental y Meridional, más de 18 millones de personas podrían enfrentar un empeoramiento de sus condiciones alimentarias, un incremento de alrededor del 26%. Asia y el Pacífico sumarían unos 8,2 millones de personas afectadas, mientras que África Occidental y Central podría registrar casi 6 millones adicionales, con un aumento de 12%.

El patrón tiene un elemento común: El Niño golpeará con mayor fuerza allí donde las familias tienen menos margen para absorber otra crisis.

Para Centroamérica, el desafío será doble. La región tendrá que enfrentar los efectos climáticos inmediatos y, al mismo tiempo, proteger los próximos ciclos de producción agrícola.

La advertencia del WFP, por tanto, no se refiere únicamente al clima. Es también una carrera contra el tiempo: prepararse antes de que una sequía, una inundación o una cosecha perdida se conviertan en una crisis de hambre.