Bukele cierra su segundo año con crecimiento récord, pero con señales de fragilidad

Bukele cierra su segundo año con crecimiento récord, pero con señales de fragilidad - Panamá y Centroamérica

Ciudad de Panamá. El segundo año del nuevo mandato del presidente Nayib Bukele concluyó con una economía que sigue desafiando los pronósticos de la región. El Salvador registró un crecimiento de 3.9% en 2025, alcanzó niveles históricos de reservas internacionales, recibió cifras récord de turistas y remesas, y mantuvo una de las inflaciones más bajas de América Latina.

Pero detrás de esos indicadores favorables emerge una realidad más compleja: una economía cada vez más dependiente de las remesas y el turismo, con un déficit comercial creciente, presiones fiscales persistentes y reformas estructurales aún pendientes.

Basado en un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), el país experimentó durante el último año una combinación poco común de expansión económica, estabilidad de precios y tensiones en el sector externo.

El efecto Bukele: seguridad, construcción y turismo

El Producto Interno Bruto (PIB) salvadoreño creció 3.9% en 2025, por encima del promedio regional, impulsado principalmente por la construcción, el turismo y los servicios financieros.

El Banco Central de Reserva informó que la economía alcanzó un valor nominal de 36,708 millones de dólares, mientras que la construcción se consolidó como el sector más dinámico al expandirse un 24.4%.

Gran parte de este desempeño ha sido atribuido al impacto económico de la mejora en los indicadores de seguridad. La reducción sostenida de homicidios bajo el Plan Control Territorial ha fortalecido la confianza empresarial y ha transformado la imagen internacional del país.

El turismo se convirtió en uno de los principales beneficiarios de este cambio.

Durante 2025, El Salvador recibió 4.1 millones de visitantes internacionales, generando más de 3,600 millones de dólares en ingresos. La tendencia se aceleró en los primeros meses de 2026, cuando el ingreso de turistas extranjeros aumentó 35% interanual, superando los 1.7 millones de visitantes.

Para una economía históricamente dependiente de las remesas, el turismo comienza a perfilarse como una segunda gran fuente de divisas.

Inflación bajo control, pero la canasta básica presiona a los hogares

La inflación promedio de 2025 se ubicó en apenas 0.93%, una de las más bajas del continente y por debajo del promedio histórico nacional. La dolarización continuó funcionando como ancla de estabilidad, complementada por intervenciones gubernamentales en sectores sensibles.

Sin embargo, la tendencia comenzó a cambiar durante los primeros meses de 2026.

La inflación anual alcanzó 2.16% en abril, impulsada principalmente por el aumento de los precios en restaurantes, hoteles y alimentos. El rubro alimentario, que representa más de una cuarta parte de la canasta básica, registró un incremento cercano al 3%, afectando especialmente a los hogares de menores ingresos.

Aunque el FMI prevé que la inflación se mantendrá entre 1.8% y 1.9% durante el año, los precios de los alimentos continúan siendo una de las principales preocupaciones para las familias salvadoreñas.

Remesas históricas sostienen el consumo y las reservas

En 2025 ingresaron 9,987 millones de dólares, un aumento de 17.8% respecto al año anterior y una cifra equivalente a casi una cuarta parte del PIB nacional.

Más del 90% de esos recursos provino de Estados Unidos.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) atribuye parte del incremento a la incertidumbre migratoria en territorio estadounidense, que llevó a muchos salvadoreños a acelerar o aumentar los envíos a sus familiares.

Estas transferencias, junto con el auge del turismo y el financiamiento internacional, impulsaron las Reservas Internacionales Netas hasta un récord de 5,106 millones de dólares en abril de 2026.

Para el FMI, este fortalecimiento constituye un importante respaldo para la estabilidad del sistema dolarizado y una protección frente a eventuales crisis de liquidez.

El déficit comercial revela la vulnerabilidad estructural

Las exportaciones salvadoreñas alcanzaron 6,428 millones de dólares en 2025, pero las importaciones sumaron 17,848 millones, generando un déficit comercial de 11,419 millones de dólares, 20.3% superior al registrado un año antes.

La expansión de la construcción y el turismo incrementó la demanda de bienes importados, mientras que la capacidad exportadora del país continúa limitada.

Aunque las ventas externas crecieron durante los primeros meses de 2026, especialmente en los sectores textil y azucarero, los economistas advierten que la economía sigue dependiendo de fuentes externas de financiamiento para sostener su ritmo de crecimiento.

Menos pobreza, pero un mercado laboral frágil

La mejora de los indicadores macroeconómicos tuvo efectos visibles en los niveles de pobreza.

La Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples reportó una reducción de 14.5% en la pobreza monetaria y una caída de 17.3% en la pobreza extrema durante 2025.

Sin embargo, la recuperación económica no se ha traducido plenamente en empleos de calidad.

La tasa de desempleo aumentó a 4.7%, mientras que el subempleo afecta a casi cuatro de cada diez trabajadores urbanos. Además, apenas el 27% de la población económicamente activa cuenta con cobertura previsional.

Estos indicadores revelan que una parte significativa de la población continúa al margen de los beneficios del crecimiento económico.

La prueba más difícil: ordenar las finanzas públicas

El principal desafío para Bukele ya no parece ser el crecimiento, sino la sostenibilidad fiscal.

El acuerdo firmado con el FMI por 1,400 millones de dólares exige una reducción gradual del déficit público, mayores controles al endeudamiento y reformas estructurales orientadas a fortalecer las finanzas estatales.

Como parte de esos compromisos, el gobierno modificó la legislación relacionada con Bitcoin y elevó las exigencias de reservas para el sistema financiero.

Pero la prueba más compleja aún está pendiente.

El FMI condicionó futuros desembolsos a la presentación de una reforma integral del sistema de pensiones, que enfrenta un déficit actuarial estimado en más de 16,000 millones de dólares.

Hasta ahora, la administración Bukele no ha presentado una propuesta definitiva.

Un modelo económico en transición

A dos años del inicio de su segundo mandato, Nayib Bukele exhibe una economía que crece más rápido que gran parte de América Latina, atrae turistas y acumula reservas como nunca antes.

Sin embargo, el éxito reciente descansa sobre pilares que todavía generan interrogantes: remesas enviadas desde el exterior, un turismo en expansión y un creciente apoyo financiero internacional.

La pregunta que comienza a surgir entre organismos multilaterales y analistas es si ese modelo podrá sostenerse cuando llegue el momento de resolver los problemas más profundos de la economía salvadoreña: la baja productividad, la fragilidad laboral y el creciente peso de las obligaciones fiscales y previsionales.

Por ahora, los números sonríen al gobierno. Lo que está por verse es cuánto tiempo podrán hacerlo.

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