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Durante años entendimos el cáncer como una sola palabra que servía para nombrar realidades muy distintas. Hoy la ciencia lo desarma en piezas: el cáncer de mama ya no es una enfermedad, sino tres; el cáncer de vejiga, que durante décadas apenas cambió de tratamiento, empieza a moverse gracias a la inmunoterapia. Bajo el concepto “Trazando caminos, transformando destinos”, AstraZeneca presentó en Panamá dos avances que resumen ese cambio: Truqap (capivasertib) para cáncer de mama hormonal positivo resistente, e Imfinzi (durvalumab) para cáncer de vejiga músculo invasivo. Esta nota recoge lo que explicaron los especialistas que participaron en el panel dedicado a ambas enfermedades.

Cáncer de mama: tres enfermedades, tres caminos
El cáncer de mama es el cáncer más frecuente entre las mujeres a nivel mundial, con más de 2,3 millones de nuevos diagnósticos al año, según cifras de AstraZeneca con base en el Global Cancer Observatory (IARC, 2024). En América Latina es el segundo tipo de cáncer más diagnosticado, y en Panamá el impacto es concreto: más de 1.100 nuevos casos y más de 330 muertes cada año. El doctor Rodrigo Sano, investigador oncológico y ponente habitual en ESMO y ASCO, explicó que la ciencia todavía no logra identificar con certeza qué predispone a una mujer a desarrollarlo: a diferencia de otros tumores con causas más claras, como el tabaco y el cáncer de pulmón, el cáncer de mama guarda cierta relación con tratamientos hormonales, el sedentarismo y la obesidad, pero ninguno de esos factores explica por sí solo la mayoría de los casos. El perfil típico, dijo, suele ser el de una mujer entre 50 y 70 años, con buen estado de salud y sin comorbilidades previas, lo que hace más difícil asimilar un diagnóstico que suele llegar justo en la etapa de mayor plenitud de su vida.
Uno de los avances más importantes de las últimas décadas, señaló el doctor Sano, ha sido comprender que el cáncer de mama son en realidad tres subtipos con biología, pronóstico y tratamiento distintos: el hormonal positivo (HR+), el más frecuente, con cerca del 70% de los casos, cuyas células dependen del estrógeno y la progesterona para crecer; el HER2 positivo, entre el 15% y el 30% de los tumores, más agresivo porque sobreexpresa la proteína HER2; y el triple negativo, el más agresivo de los tres, así llamado porque no expresa ninguno de esos tres marcadores.

Esta clasificación es el primer paso del diagnóstico, porque determina si se empieza por cirugía, qué terapias dirigidas están disponibles y cuál es el pronóstico esperado. Hace veinte años, casi todas las pacientes recibían quimioterapia; hoy ese paradigma se invirtió y la mayoría accede a terapias dirigidas según su subtipo. La detección temprana sigue siendo el factor que más pesa en el pronóstico, y el doctor Sano fue enfático en un punto que suele sorprender: las guías internacionales no recomiendan el autoexamen como método generalizado, porque interpretar correctamente un hallazgo requiere entrenamiento clínico; la recomendación sigue siendo el control médico periódico.
En el subtipo hormonal positivo, el pilar del tratamiento no es necesariamente la quimioterapia, sino la terapia endocrina, que busca bloquear la acción del estrógeno y la progesterona sobre el tumor. Entre el 40% y el 50% de estos tumores desarrollan, con el tiempo, resistencia a esas terapias, ya sea porque las células mutan y dejan de depender del estrógeno, o porque activan una vía celular alterna, la vía PI3K/AKT, que les permite seguir creciendo. Identificar esa alteración mediante estudios genómicos permite elegir con más precisión la segunda línea de tratamiento antes de recurrir a la quimioterapia.
En ese contexto, AstraZeneca puso a disposición de médicos y pacientes panameños Truqap, dirigido a pacientes con cáncer de mama hormonal positivo en etapa avanzada o metastásica, HER2 negativas, que se han vuelto resistentes al tratamiento hormonal. El medicamento bloquea la proteína AKT, parte del sistema que regula el crecimiento y la supervivencia de las células cuando la vía PI3K/AKT está alterada. Según el laboratorio, reduce a la mitad el riesgo de avance de la enfermedad y duplica la supervivencia libre de progresión frente al tratamiento hormonal solo.
El subtipo HER2 positivo cuenta una historia distinta. La proteína HER2 está presente de forma natural en todas las células, pero en estos tumores aparece sobreexpresada, en cientos de copias en lugar de las 20 o 30 habituales, lo que mantiene a la célula en un estado de estimulación constante. Antes de 1998, cuando se aprobó trastuzumab, el primer anticuerpo diseñado para bloquear ese receptor, este era el subtipo de peor pronóstico, con alta tendencia a producir metástasis en hígado y cerebro y una supervivencia a cinco años que no superaba el 45% en enfermedad metastásica. Con trastuzumab esa curva se revirtió, y la siguiente generación de anticuerpos conjugados, como trastuzumab deruxtecan, que libera quimioterapia directamente dentro de la célula tumoral, ha llevado la supervivencia de estas pacientes a superar los cinco años, e incluso ha abierto tratamiento dirigido a tumores con expresión baja o mínima de HER2 (HER2-low y HER2-ultralow), antes considerados HER2 negativos.

El triple negativo sigue siendo el camino más difícil de los tres: al no depender de hormonas ni de HER2, no responde a las terapias que funcionan en los otros subtipos, y durante años su principal opción fue la quimioterapia. Suele aparecer en mujeres más jóvenes y se asocia con más frecuencia a mutaciones hereditarias en los genes BRCA1 y BRCA2, encargados de reparar el daño en el ADN. Sobre esa alteración se construyó uno de los avances más importantes para este grupo: los inhibidores de PARP, como olaparib, que bloquean un mecanismo alternativo de reparación que usan las células tumorales para sobrevivir, y ofrecen, por primera vez, una opción de tratamiento dirigida para pacientes con mutación BRCA confirmada.
“Este enfoque se refleja en la manera en que la compañía trabaja junto a los distintos actores del ecosistema de salud: está facilitando una mejor comprensión de este tipo de cáncer, promoviendo conversaciones más claras y un acompañamiento más cercano, donde el tratamiento no solo se centra en la enfermedad, sino también en la persona”, señaló el Dr. Andrés Rojas, director médico de AstraZeneca para Centroamérica y el Caribe. El doctor Sano cerró su intervención con una idea similar: a pesar de ser uno de los tumores más frecuentes, la mayoría de las pacientes con cáncer de mama hoy sobrevive más allá de los cinco años, y encontrar el subtipo y el tratamiento correctos es, cada vez más, una posibilidad real para todas ellas.
Cáncer de vejiga: la inmunoterapia entra al quirófano
Durante más de treinta años, el tratamiento del cáncer de vejiga músculo invasivo apenas cambió: quimioterapia antes de la cirugía y extirpación completa de la vejiga, con una bolsa externa para recolectar la orina el resto de la vida. Esa cirugía, por sí sola, cura a la mitad de los pacientes; la otra mitad recae o fallece a pesar de haberla recibido. Así lo explicaron el doctor Daniel Castellano Gauna, oncólogo médico, y el doctor Félix Guerrero-Ramos, urólogo especializado en uro-oncología, en el segundo bloque del panel.
El cáncer de vejiga afecta a más de 614.000 personas al año en el mundo, según AstraZeneca con base en el Global Cancer Observatory, y suele asociarse a personas mayores y a hombres, aunque puede aparecer en cualquiera. España, apuntó el doctor Guerrero-Ramos, tiene una de las tasas de incidencia más altas de Europa y es allí el cuarto cáncer más diagnosticado en hombres, y sin embargo la mayoría de sus pacientes nunca había oído hablar de esta enfermedad antes del diagnóstico: a diferencia del cáncer de mama o de colon, donde existe cierta conciencia social sobre los síntomas de alarma, el cáncer de vejiga sigue siendo un gran desconocido. Dentro de este grupo, el subtipo músculo invasivo representa uno de cada cuatro casos y es la forma más agresiva.
El doctor Castellano explicó el principio detrás de la inmunoterapia con una idea sencilla: los tumores, al crecer, desarrollan la capacidad de apagar al sistema inmune que debería atacarlos. La inmunoterapia, con un anticuerpo diseñado para bloquear esa señal de apagado, le devuelve al sistema inmunitario la capacidad de reconocer la célula tumoral y actuar contra ella, en lugar de introducir un agente externo que ataque directamente, como hace la quimioterapia.

Ese principio respalda a Imfinzi, que AstraZeneca presentó en Panamá como primera inmunoterapia aprobada en el país para este esquema perioperatorio. La evidencia proviene del estudio NIAGARA, un ensayo de fase 3 con tres bloques de tratamiento: quimioterapia combinada con inmunoterapia antes de la cirugía, la cirugía misma, e inmunoterapia sola después. Ese esquema redujo en un 32% el riesgo de progresión, recurrencia o muerte, y en un 25% el riesgo de muerte, frente a la quimioterapia sola antes de la cirugía. Para ambos doctores, el dato más relevante no fue solo esa reducción, sino que se trata del primer estudio de fase 3 en esta enfermedad que demuestra un beneficio real en supervivencia global, tras varias décadas casi sin avances de este tipo. El beneficio se observó de forma consistente en los distintos subgrupos de pacientes analizados, con la excepción de quienes tienen función renal insuficiente, que no son candidatos al esquema completo.
Ambos especialistas insistieron en que este cambio no depende solo del fármaco, sino de que la atención se organice de forma coordinada entre urólogo, oncólogo médico, radiólogo y patólogo, porque los pacientes atendidos por equipos coordinados tienen mejores probabilidades de supervivencia que aquellos cuyo tratamiento se maneja de forma fragmentada. El tabaquismo sigue siendo, por amplio margen, el principal factor de riesgo, junto con la exposición ocupacional a ciertos químicos industriales en tintorerías, curtiembres o fábricas de pintura, y algunas infecciones urinarias crónicas. El síntoma de alarma más claro es la sangre en la orina, que suele ser indolora e intermitente, lo que lleva a muchas personas a minimizarla; el diagnóstico inicial, un análisis de orina y un ultrasonido, es rápido y no debería postergarse.
“En el cáncer de vejiga, el tiempo puede marcar una gran diferencia. Reconocer las señales de alerta y consultar al médico de forma oportuna aumenta las posibilidades de un diagnóstico temprano y de acceder a alternativas de tratamiento cada vez más innovadoras”, señaló el Dr. Rojas con motivo de este lanzamiento. En España, mayo es el mes de concienciación del cáncer de vejiga, y este año AstraZeneca pintó de rojo los sanitarios de aeropuertos y estaciones de metro en Madrid y Barcelona, con un mensaje simple: si ese color en el inodoro preocuparía a cualquiera, la sangre en la orina también debería hacerlo.
Dos enfermedades distintas, dos historias de investigación con más de veinte años de recorrido cada una, convergen hoy en un mismo mensaje: el diagnóstico certero y a tiempo sigue siendo la base de todo lo demás, y la ciencia, cada vez con más precisión, está encontrando caminos para que ese diagnóstico se traduzca en más tiempo y mejor calidad de vida para quienes lo reciben.