Por Elis Caballero
Comunicador Social
Ciudad de Panamá, 16 de junio 2026. La política suele ser juzgada por sus excesos, promesas incumplidas y confrontaciones. Sin embargo, en su esencia, debería ser una herramienta para servir a la gente y atender las necesidades de las comunidades.
La vida transcurre entre llegadas y despedidas, en un constante recordatorio de que el tiempo es el recurso más valioso que poseemos. En ese recorrido, cada persona decide qué aporta a su familia, a su comunidad y al país. Es allí donde la vocación cobra sentido: como una disposición genuina de trabajar por los demás.
En el caso de Jorge Herrera, esa vocación de servicio ha sido una constante desde su juventud. Su trayectoria política, construida en Aguadulce, lo ha llevado a desempeñarse como representante, alcalde y diputado, cargos desde los cuales ha impulsado iniciativas orientadas al bienestar social.
Los residentes de Barrios Unidos, del distrito de Aguadulce y del circuito 2-4, en la provincia de Coclé, han sido testigos de proyectos y gestiones que han marcado su carrera pública. Entre ellos destaca su prolongada lucha por fortalecer y agilizar, mediante reformas legales, los procesos administrativos vinculados a la descentralización municipal, una causa respaldada por representantes y alcaldes de distintas regiones del país.
Hoy, como presidente de la Asamblea Nacional, Herrera enfrenta un desafío distinto: convertir el diálogo en una herramienta efectiva para atender las demandas ciudadanas. Bajo una política de puertas abiertas, el Legislativo ha recibido a jubilados, docentes, representantes de gobiernos locales, campesinos de Río Indio, empresarios y miembros del cuerpo diplomático acreditado en Panamá.
A un año de iniciado el segundo período legislativo 2024-2029, la percepción es la de una gestión que busca escuchar y mediar, más allá de diferencias políticas o sociales. Esa disposición al diálogo representa una señal positiva en momentos en que el país demanda consensos y soluciones concretas.
La Asamblea Nacional, como la histórica Casa de Justo Arosemena, tiene la responsabilidad de mantenerse cercana a la ciudadanía. Escuchar el clamor popular no basta; es necesario traducir esas inquietudes en respuestas reales, políticas efectivas y resultados tangibles.
La historia demuestra que los cargos son temporales, pero el servicio a la nación permanece en la memoria de los ciudadanos. En tiempos de desconfianza y polarización, Panamá necesita líderes que escuchen, dialoguen y actúen. La Asamblea Nacional tiene hoy la oportunidad de demostrar que la política puede volver a estar al servicio de la gente. Porque cuando el pueblo es la prioridad, la democracia se fortalece y el país avanza.