Ciudad de Panamá, 9 de junio 2026. Panamá abrió este martes una de las licitaciones más relevantes para su economía digital en la última década: la búsqueda de un nuevo operador de telefonía móvil que ingrese a competir en un mercado donde la conectividad se ha convertido en infraestructura esencial para el crecimiento económico.
La convocatoria internacional llega en un momento decisivo. Tras la salida de Digicel en 2024 y la consolidación del sector, el mercado pasó de cuatro operadores a una estructura más concentrada, alimentando el debate sobre la necesidad de ampliar la competencia y ofrecer nuevas alternativas a los consumidores.
Lejos de tratarse de un mercado agotado, los números cuentan otra historia. Panamá registra más de cinco millones de líneas móviles activas, una cifra que supera el tamaño de su población y refleja la profunda dependencia de hogares, empresas y trabajadores de los servicios de telecomunicaciones.
Para los inversionistas internacionales, el atractivo va más allá de la cantidad de usuarios. La licitación contempla una asignación inicial de 40 MHz de espectro radioeléctrico en bandas medias, considerado uno de los recursos más valiosos para el desarrollo eficiente de redes 5G de última generación.
El proceso también coincide con una coyuntura favorable. Panamá ya cuenta con servicios 5G de carácter no autónomo y ofrece condiciones económicas que especialistas consideran entre las más competitivas de América Latina para el despliegue de nuevas redes.
El perfil del consumidor panameño agrega otro elemento de interés. Cerca del 79% de las líneas corresponde a usuarios prepago, un segmento altamente sensible al precio, la cobertura y la calidad del servicio. Esa dinámica ha impulsado históricamente una intensa competencia comercial y ha favorecido la movilidad entre operadores.
La portabilidad numérica es prueba de ello. Desde su implementación en 2011, más de 5.5 millones de líneas han cambiado de operador, una señal de que los consumidores están dispuestos a migrar cuando encuentran mejores condiciones.
Para las empresas interesadas, Panamá ofrece además ventajas difíciles de replicar en la región: una economía dolarizada, estabilidad jurídica, múltiples conexiones mediante cables submarinos internacionales, una creciente infraestructura de centros de datos y una amplia red de fibra óptica que fortalece su posición como centro tecnológico regional.
La posibilidad de desplegar desde el inicio una arquitectura 5G Stand Alone (SA) también representa un incentivo significativo. Con una cobertura móvil cercana al 96% de la población y acceso a redes 4G para aproximadamente el 86% de los habitantes, el país cuenta con una base tecnológica que reduce los costos de expansión y acelera el desarrollo de nuevos servicios digitales.
Sin embargo, la verdadera importancia de esta licitación trasciende la llegada de un nuevo competidor. Lo que está en juego es la velocidad con la que Panamá podrá avanzar hacia una economía cada vez más conectada, innovadora y dependiente de los datos.
La decisión que surja de este proceso no solo definirá quién ofrecerá llamadas o planes de internet en los próximos años. También ayudará a determinar qué tan preparado estará el país para competir en una era donde la infraestructura digital es tan estratégica como los puertos, las carreteras o el Canal. En ese sentido, la licitación representa una apuesta por el futuro económico de Panamá tanto como una competencia por el mercado de las telecomunicaciones.