Durante años, para buena parte de las empresas panameñas la tecnología fue una línea del presupuesto que se aprobaba al final, cuando el resto de las cuentas ya cuadraba. Esa jerarquía ha empezado a invertirse en los sectores donde el margen se juega en la operación diaria: logística, transporte, distribución y servicios.
El argumento que están comprando esas compañías no es la automatización en sí, sino algo más prosaico: saber, en el momento en que ocurre, dónde está un camión, cuánto combustible consumió en una ruta o cuántas visitas hizo un técnico en una jornada. Con ese dato en la mano, sostienen los proveedores del sector, las decisiones dejan de tomarse a ciegas.
