Ciudad de Panamá, 23 de mayo 2026. A partir de la próxima semana, Panamá dejará de recibir nuevos centavos provenientes de Estados Unidos, marcando el inicio de una transición silenciosa, pero histórica, hacia el fin de una moneda que durante décadas sostuvo el funcionamiento cotidiano del comercio minorista. Aunque el centavo continuará circulando por años, su desaparición práctica ya comenzó.
La medida obligará a supermercados, farmacias, fondas y cadenas comerciales a adaptarse a un sistema de redondeo diseñado por el Banco Nacional de Panamá y actualmente en espera de revisión por el Ministerio de Economía y Finanzas antes de llegar a la Asamblea Nacional. En un país donde los precios terminan con frecuencia en cifras como $1.89 o $4.97, el cambio no será meramente técnico: alterará la manera en que millones de panameños pagan y perciben el valor del dinero.
La propuesta establece nuevas reglas para las compras en efectivo. Si una cuenta termina en 1 o 2 centavos, el monto bajará al número cerrado más cercano; si termina en 3 o 4, subirá a 5; los montos terminados en 6 o 7 también se ajustarán a 5; mientras que las terminaciones en 8 o 9 avanzarán al siguiente múltiplo de diez. El objetivo, según las autoridades, es reducir la dependencia de una moneda cuya fabricación dejó de ser financieramente viable.
“El hecho de que no tengamos inventario no significa que los centavos desaparezcan inmediatamente”, explicó Javier Carrizo Esquivel, gerente general del Banco Nacional de Panamá. Los bancos seguirán manteniéndolos en circulación mientras existan físicamente, un proceso que podría extenderse durante años. Pero el mensaje institucional es claro: el futuro de las transacciones apunta hacia pagos electrónicos y montos exactos.
La decisión del país responde directamente a un cambio histórico en Estados Unidos. Después de 232 años, la nación norteamericana dejará de fabricar el “penny” debido a que producir cada unidad cuesta 3.69 centavos, más de tres veces su valor nominal. Panamá, dolarizada desde el convenio monetario firmado en 1904, depende de la Reserva Federal estadounidense para el abastecimiento de monedas de baja denominación, lo que hace inevitable el impacto local.
Durante años, la escasez de centavos ya revelaba señales de agotamiento del sistema. Muchos ciudadanos acumulaban monedas en alcancías o las conservaban por nostalgia, obligando a numerosos comercios a entregar caramelos como vuelto improvisado. Incluso la acuñación panameña con la imagen del cacique Urracá terminó enfrentando el mismo dilema económico: fabricar un centavo costaba hasta tres veces más que su valor.
La Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia advirtió que cualquier reglamentación deberá garantizar que el redondeo no perjudique a los consumidores. El debate ahora se trasladará al plano político y comercial, donde empresarios deberán reprogramar sistemas de facturación y cajas registradoras antes de la entrada en vigor de la norma.
Panamá no será el primer país en abandonar las fracciones mínimas de su moneda. Japón, Kuwait, Omán y Serbia, entre otros, ya operan con sistemas donde la unidad monetaria más pequeña equivale a un número entero. Pero aquí en Panamá, el cambio tiene una carga simbólica adicional: representa el principio del fin para una moneda diminuta que acompañó la vida diaria del país durante generaciones.