París. Los trabajadores del Museo del Louvre iniciaron una huelga en protesta por lo que califican como mala gestión, falta de personal y deterioro de las instalaciones, una situación que, aseguran, quedó en evidencia tras el reciente robo de joyas valoradas en 88 millones de euros en la Galería de Apolo, uno de los espacios más emblemáticos del museo.
La medida cuenta con amplio respaldo entre los cerca de 2,200 empleados del recinto, incluidos guardias de seguridad, cajeros e investigadores, quienes denuncian que la dirección se ha negado durante años a contratar el número de trabajadores que requiere el museo más visitado de Francia y uno de los más concurridos del mundo.
Según los sindicatos, el robo de alto perfil no fue un hecho aislado, sino la consecuencia de problemas estructurales que se arrastran desde hace tiempo. A ello se suman otros incidentes recientes que han puesto en evidencia el estado del edificio. En octubre, una sala de cerámica griega antigua tuvo que ser cerrada al público debido al riesgo de colapso de vigas del techo, mientras que en noviembre una filtración de agua en el departamento de antigüedades egipcias provocó daños a cientos de libros y manuscritos.
La gravedad de la situación fue reconocida incluso por el arquitecto jefe del museo, François Chatillon, quien admitió durante una comparecencia parlamentaria el mes pasado que el edificio “no está en buen estado”.
Durante la protesta, trabajadores expresaron su descontento con la administración del museo. “Estamos enojados. No estamos de acuerdo con la forma en que se ha gestionado el Louvre”, afirmó Elise Muller, guardia de seguridad, a medios locales.
La huelga también generó molestia entre los visitantes. Algunos turistas manifestaron su sorpresa de que una institución que recibe decenas de millones de personas al año enfrente dificultades para financiar su operación básica. “Estoy muy decepcionado, el Louvre era la principal razón de nuestra visita; queríamos ver la Mona Lisa”, señaló a la agencia AFP un turista surcoreano.
El conflicto vuelve a poner en el centro del debate la financiación, la conservación del patrimonio cultural y las condiciones laborales en uno de los museos más importantes del mundo.

