Ciudad de Panamá, fuentes Int. /15 de mayo 2026. La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping dejó una sensación familiar en los mercados: alivio inmediato, incertidumbre estructural. Ambos líderes lograron reducir temporalmente la temperatura política entre Washington y Pekín, pero ninguna de las causas profundas de la rivalidad quedó resuelta. La relación entre las dos mayores economías del mundo continúa atrapada entre la interdependencia económica y la competencia estratégica.
El encuentro confirmó que la confrontación ya no gira únicamente en torno a aranceles. La disputa se ha desplazado hacia sectores considerados esenciales para el poder del siglo XXI: inteligencia artificial, semiconductores, minerales críticos, energía y control logístico. Estados Unidos busca ralentizar el ascenso tecnológico chino; China intenta reducir su vulnerabilidad frente al sistema financiero y tecnológico occidental. Ambos objetivos son incompatibles a largo plazo.
