Panamá vive momentos de alta exigencia ciudadana, pero también de gran oportunidad. Las recientes manifestaciones sociales no deben verse solo como una crisis, sino como una señal clara de que la población desea participar activamente en el rumbo económico del país. Este es el momento ideal para abrir espacios de diálogo y construir consensos que garanticen un crecimiento más justo e inclusivo.
Contamos con una economía con fortalezas comprobadas: un sistema financiero sólido, una ubicación geográfica privilegiada y una infraestructura logística que sigue atrayendo inversiones. Si logramos canalizar esta base hacia políticas que integren a los sectores más rezagados —como la juventud, el agro y las comarcas—, Panamá puede convertirse en un referente de desarrollo sostenible en la región. El reto no es menor, pero el potencial es enorme.

