A pocos días de su implementación, el Gobierno de Panamá decidió suspender el uso obligatorio de gasolinas mezcladas con bioetanol, previsto para el 1 de abril de 2026, en medio de cuestionamientos políticos, técnicos y económicos.
La medida, oficializada mediante una resolución de la Secretaría Nacional de Energía, no solo detiene la incorporación del bioetanol anhidro en los combustibles, sino que también pospone su aplicación hasta que existan las condiciones técnicas, regulatorias y de mercado necesarias para su correcta ejecución.
Con esta decisión, queda sin efecto la normativa aprobada en marzo de 2024, que establecía la mezcla de un 10 % de bioetanol en las gasolinas. Ahora, será la propia Secretaría la encargada de definir un nuevo cronograma y las condiciones para su eventual implementación.
El freno llega en un momento clave, mientras la Asamblea Nacional aún debate el proyecto de ley 443, que busca modificar la normativa vigente sobre biocombustibles. La iniciativa ha generado controversia, ya que críticos aseguran que obligar al uso de este tipo de combustible limitaría la libertad de elección de los consumidores y podría impactar negativamente en su economía debido a un menor rendimiento por litro.
Pese a las críticas, el Gobierno había defendido el programa como una apuesta estratégica, asegurando que podría generar hasta 30.000 empleos directos y movilizar unos 400 millones de dólares en inversión y salarios durante los próximos cinco años.
No es la primera vez que Panamá intenta implementar este tipo de mezcla. En 2013 se introdujo un 5 % de bioetanol en gasolinas de 91 y 95 octanos, pero el plan fue suspendido menos de un año después por problemas logísticos y quejas de usuarios, quienes reportaron fallas en sus vehículos.
Con este nuevo aplazamiento, el país vuelve a poner en pausa su transición hacia combustibles más sostenibles, mientras persisten las dudas sobre su viabilidad y aceptación en el mercado.