El Estrecho de Ormuz continúa funcionando muy por debajo de la normalidad mientras Irán, Estados Unidos y Omán negocian reglas para el paso de buques y, al mismo tiempo, se acusan de controlar una vía que antes de la guerra concentraba cerca de una quinta parte del petróleo comercializado internacionalmente. La combinación de diplomacia, ataques a embarcaciones y rutas selectivas ha sustituido la idea sencilla de un estrecho abierto o cerrado.
Las conversaciones han producido borradores, pero no una solución estable. Funcionarios regionales dijeron a The Associated Press que una propuesta contempla una ruta de entrada coordinada por Irán y otra de salida bajo coordinación omaní. Los términos finales, incluidos eventuales cargos por servicios y la relación con el bloqueo estadounidense a puertos iraníes, siguen en disputa.
La navegación no ha recuperado una regla común
La Organización Marítima Internacional sostiene que la seguridad de la gente de mar debe preceder cualquier normalización. Su registro sobre la crisis reúne incidentes, avisos operativos y las medidas adoptadas para evacuar tripulantes. La organización recuerda además que el esquema de separación del tráfico fue aprobado internacionalmente en 1968; no es una ruta privada que una potencia pueda redefinir de manera unilateral.
La dificultad es práctica. Un acuerdo anunciado no elimina minas, misiles, drones, primas de guerra ni la posibilidad de que un buque sea detenido por su bandera, su propietario o su destino. La semana pasada, mientras avanzaban contactos diplomáticos, otro carguero informó haber sido alcanzado por un proyectil desconocido cerca del estrecho.
Teherán eleva el precio político
Irán ha vinculado la reapertura a cambios en la conducta de Estados Unidos y ha sugerido restricciones para embarcaciones relacionadas con países considerados hostiles. Washington, por su parte, afirma que posee control militar suficiente para garantizar el paso. Ninguna de las dos afirmaciones equivale a una navegación comercial previsible: las navieras necesitan reglas aceptadas, cobertura de seguros y una cadena de responsabilidad clara cuando algo sale mal.
Omán ocupa el espacio más delicado. Su función como mediador le permite hablar con ambas partes y su geografía lo convierte en actor operativo. Pero un arreglo duradero necesitará algo más amplio que una coordinación bilateral: deberá ser compatible con el derecho marítimo, incluir garantías para tripulaciones y evitar que el peaje político dependa de la nacionalidad de cada buque.
Qué observar ahora
Hay cuatro señales que permitirán distinguir una reapertura real de una pausa frágil: tránsito sostenido durante varias semanas; reducción de las primas de seguro de guerra; retorno de petroleros y metaneros de compañías que no pertenecen al circuito estatal; y un mecanismo público para investigar incidentes.
Hasta que esas condiciones aparezcan, Ormuz seguirá siendo un corredor administrado caso por caso. Puede pasar un barco sin que el comercio se haya normalizado. Puede bajar el precio del crudo durante una jornada sin que el riesgo haya desaparecido. El estrecho está abierto para algunas operaciones, pero aún no ha recuperado lo más importante para el mercado: una regla confiable.