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El Canal de Panamá volvió a recortar el calado autorizado en las esclusas neopanamax y dejó el límite en 48.5 pies, unos 14.78 metros, desde el 15 de agosto. Es el tercer ajuste de un calendario de cinco que la Autoridad del Canal de Panamá diseñó para atravesar una sequía asociada al fenómeno de El Niño que podría extenderse hasta mediados de 2027.
La secuencia está publicada de antemano, y esa es la diferencia con la crisis anterior. El primer recorte llevó el calado a 49.5 pies el 3 de julio; el segundo, a 49 pies el 24 de julio. Siguen dos más: 48 pies el 26 de agosto y 47.5 pies el 3 de septiembre.
La ACP sostiene que no planea limitar el número de buques. Los tránsitos diarios se mantienen entre 36 y 37, un nivel normal de operación. El plan de contingencia contempla bajar por etapas hasta 44 pies —13.41 metros, el mínimo operativo de un neopanamax— hacia abril o mayo de 2027, con la expectativa de superar el episodio sin restringir el paso.
Qué significa un pie menos de calado
El calado es la profundidad que ocupa el casco bajo el agua, y determina cuánta carga puede llevar un buque. Cada pie que la vía recorta obliga al armador a dejar contenedores en tierra o a repartirlos en más viajes. La lámina de agua no se ve en ningún estado financiero, pero define el costo por unidad transportada.
Para las navieras eso se traduce en decisiones simples y caras: cargar menos, pagar recargos, redistribuir servicios o evaluar rutas alternas. Para Panamá, el ingreso por peaje depende del volumen que cruza y de la disposición a pagar por el atajo, dos variables que se erosionan cuando la vía ofrece menos capacidad por buque.
La comparación que importa es 2023
El antecedente reciente es la sequía de 2023, cuando el Canal llegó a limitar el número de tránsitos y se formaron filas de espera que empujaron a algunos clientes hacia otras rutas. El costo no fue solo el peaje dejado de cobrar: fue la duda sobre la confiabilidad de la vía, que un negocio de tránsito no puede permitirse.
La estrategia de este año invierte el orden. Recortar calado de forma gradual y anunciada preserva el número de tránsitos y le da al mercado un calendario con el cual planificar. Un naviero puede ajustar la carga de un buque con semanas de anticipación; no puede improvisar cuando le cancelan el turno de paso.
El Canal cumplió 112 años este mes con más buques y menos calado, una combinación que resume el momento: la operación se mantiene, el producto que se vende es algo más pequeño.
El agua como riesgo estructural
La ACP trabaja con la hipótesis de que los efectos de El Niño sobre la cuenca se extenderán hasta el verano de 2027. Si la lluvia queda por debajo de lo previsto durante la temporada que resta del año, el margen para llegar a 44 pies sin tocar el número de tránsitos se estrecha.
Ese es el punto que conecta la coyuntura con la inversión. El proyecto del río Indio y las obras de gestión hídrica no resuelven la temporada en curso: apuntan a que la próxima sequía encuentre al Canal con más agua almacenada. Mientras tanto, la vía administra escasez con reglas de dosificación.
La cuenca también abastece de agua potable a buena parte de la población del área metropolitana, de modo que cada decisión sobre el nivel de los lagos se toma con dos usuarios en competencia. Esa tensión no aparece en la tarifa, pero condiciona cuánta agua puede destinarse a esclusar buques.
Lo que hay que vigilar
Tres señales dirán si el plan alcanza. La primera es el nivel del lago Gatún en septiembre y octubre, los meses en que la temporada lluviosa debería reponer el almacenamiento. La segunda es si la ACP mantiene el calendario o adelanta recortes, lo que indicaría que la hidrología corre por detrás del supuesto.
La tercera es el comportamiento de los clientes. Si el volumen de carga se sostiene con calado reducido, el mercado aceptó el ajuste. Si empiezan a aparecer desvíos hacia otras rutas, la discusión dejará de ser sobre pies de calado y volverá a ser sobre confiabilidad.
