Una ruta de desesperación se vuelve letal: récord de muertes entre refugiados rohingyas en el mar

Una ruta de desesperación se vuelve letal: récord de muertes entre refugiados rohingyas en el mar - Panamá y Centroamérica

Fuente, ACNUR-Ginebra, 21 de abril 2026.  El mar de Andamán y el golfo de Bengala se han convertido en un corredor de muerte para miles de refugiados rohingyas.Una ruta de desesperación se vuelve letal: récord de muertes entre refugiados rohingyas en el mar en las rutas marítimas del sur y sudeste asiático, según datos de ACNUR.

La cifra no solo marca un récord, sino que revela una tendencia alarmante: de los más de 6,500 rohingyas que intentaron la travesía ese año, uno de cada siete no sobrevivió. Es la tasa de mortalidad más elevada entre las principales rutas marítimas utilizadas por refugiados y migrantes en el mundo.

Detrás de los números hay un perfil cada vez más vulnerable. En los últimos años, más de la mitad de quienes se lanzan al mar son mujeres y niños. Y el flujo no se detiene. En lo que va de 2026, más de 2,800 personas ya han emprendido el mismo viaje, pese a los riesgos ampliamente documentados.

El episodio más reciente subraya la magnitud de la crisis. A finales de marzo, una embarcación sobrecargada que partió de Bangladesh volcó en medio de malas condiciones climáticas en el mar de Andamán, dejando a unas 250 personas desaparecidas. Apenas nueve sobrevivientes fueron rescatados días después cerca de las islas Andamán, en un operativo que evidenció tanto la fragilidad de estas travesías como la limitada capacidad de respuesta.

Las embarcaciones, muchas veces improvisadas y peligrosamente abarrotadas, suelen zarpar desde Cox’s Bazar o desde el estado de Rakáin, en Myanmar, con la esperanza de alcanzar Indonesia o Malasia. En el camino, enfrentan no solo el mar abierto, sino también redes de trata, explotación y abandono.

Para muchos, la decisión de huir no es una elección, sino una consecuencia. La persecución en Myanmar, la falta de ciudadanía y un conflicto persistente siguen cerrando cualquier posibilidad de retorno seguro. Al mismo tiempo, en Bangladesh —donde se concentra la mayoría de esta población— la ayuda humanitaria se reduce. El Plan de Respuesta Conjunta de 2025 apenas alcanzó el 53 % de financiación, limitando el acceso a alimentos, educación y medios de vida.

Ante este panorama, ACNUR ha instado a los gobiernos de la región a ampliar las vías legales de protección y a reforzar la cooperación para evitar más muertes en el mar. Pero mientras las soluciones estructurales se postergan, la realidad persiste: para miles de rohingyas, el océano sigue siendo una de las pocas salidas, aunque cada vez más mortal.

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