Berlín, 9 de octubre de 2025. — El Objetivo de Desarrollo Sostenible de “Hambre Cero” para 2030 parece cada vez más lejano. Según el Índice Global del Hambre (GHI) 2025, publicado este jueves, 673 millones de personas carecen hoy de acceso suficiente a alimentos, mientras que el número de personas en riesgo de hambruna se duplicó en 2024, alcanzando los dos millones.
El informe —elaborado por la ONG alemana Welthungerhilfe, la irlandesa Concern Worldwide y el Instituto de Derecho Internacional Humanitario de la Universidad Ruhr de Bochum— advierte que desde 2016 el progreso contra el hambre se ha estancado, y que 56 países no lograrán reducir sus niveles de hambre a rangos bajos para 2030.
Las causas del deterioro son múltiples y se entrelazan: conflictos armados prolongados, crisis económicas, desigualdades estructurales y los efectos acelerados del cambio climático. Los conflictos en Gaza y Sudán figuran entre los principales detonantes de emergencias alimentarias actuales.
“El hambre no solo es consecuencia de los conflictos, también los alimenta”, señala el estudio, que advierte sobre un círculo vicioso entre la violencia, la pobreza y la inestabilidad. A ello se suma el impacto del calentamiento global, con 2024 registrado como el año más caluroso de la historia, afectando la producción agrícola y los precios de los alimentos.
“Solo en el último año, las guerras provocaron 20 crisis alimentarias agudas, afectando a casi 140 millones de personas”, lamentó Marlehn Thieme, presidenta de Welthungerhilfe. “En tiempos de desafíos crecientes, los fondos internacionales destinados a combatir el hambre están disminuyendo, lo que agrava aún más la situación”.
El Índice Global del Hambre utiliza cuatro indicadores —subalimentación, emaciación infantil, retraso en el crecimiento y mortalidad infantil— para evaluar la gravedad del hambre en 136 países. En su edición 2025, el informe subraya que las regiones más afectadas siguen siendo África subsahariana y Asia meridional, donde millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria crónica.
Los autores instan a los gobiernos y organismos internacionales a reforzar la cooperación humanitaria y climática, reorientar los sistemas de producción hacia modelos sostenibles y proteger el financiamiento para la seguridad alimentaria, antes de que el objetivo de erradicar el hambre se vuelva completamente inalcanzable.

