La economía panameña enfrenta tensiones fiscales y desafíos de sostenibilidad, pero también tiene ante sí la oportunidad de construir un modelo más resiliente y equitativo. El cierre de proyectos clave ha obligado a repensar la forma en que se generan ingresos y se distribuye el gasto. Lejos de ser un obstáculo, este puede ser el punto de partida para modernizar el sistema tributario, hacer más eficiente la inversión pública y reducir la dependencia de sectores específicos.
Panamá ha demostrado capacidad de adaptación en el pasado, y hoy no es la excepción. Existen oportunidades claras para diversificar la economía, impulsar el turismo sostenible, fortalecer la economía digital y apoyar a las pequeñas empresas. Si se aprovechan estos ejes con visión de largo plazo, el país no solo podrá resolver sus retos actuales, sino posicionarse como un modelo de innovación, transparencia y crecimiento compartido en América Latina.

