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Hay un gas del que se producen apenas unos kilogramos al año en todo el planeta y cuyo kilo se valora en torno a los US$20 millones. Se llama helio-3, es un isótopo ligero del helio y hoy sostiene una industria incipiente que ya firmó compromisos de compra por cerca de US$500 millones.
El problema es de origen: en la Tierra casi no hay. El helio-3 llega desde el viento solar, y el campo magnético terrestre lo desvía antes de que toque el suelo. La Luna, que no tiene ese escudo, lleva miles de millones de años acumulándolo en el polvo de su superficie.
Por qué un isótopo raro vale tanto
El uso que hoy manda el mercado no es la fusión nuclear, sino el frío. Los computadores cuánticos operan a temperaturas cercanas al cero absoluto, y los refrigeradores de dilución que lo consiguen usan una mezcla de helio-3 y helio-4. Sin helio-3 no hay refrigerador, y sin refrigerador no hay máquina cuántica funcionando.
A eso se suman la imagen médica —resonancia magnética de pulmón con gas hiperpolarizado— y los detectores de neutrones que se usan en control fronterizo y seguridad nuclear. La fusión aparece en el discurso, pero como horizonte lejano, no como demanda actual.
El precio refleja esa escasez. Las referencias del sector sitúan el helio-3 entre US$2,000 y US$15,000 por litro; Interlune trabaja con una valoración cercana a los US$20 millones por kilogramo, equivalente a unos 7,500 litros.

Quién está detrás de Interlune
La empresa que lidera el intento se llama Interlune, tiene sede en Seattle y fue fundada en 2020. La dirigen Rob Meyerson, expresidente de Blue Origin, y Gary Lai, que estuvo a cargo del programa del cohete New Shepard en esa misma compañía.
Los acompaña Harrison Schmitt, geólogo y tripulante del Apolo 17, la última misión que llevó personas a la Luna. Fue precisamente el análisis de las muestras traídas por el programa Apolo lo que reveló que el regolito lunar contenía helio-3 en cantidades apreciables.
Contratos antes que cohetes
Lo llamativo del caso es que los contratos llegaron antes que la extracción. En mayo de 2025 el Programa de Isótopos del Departamento de Energía de Estados Unidos acordó comprar tres litros de helio-3 lunar con entrega no posterior a abril de 2029.
Fue, según la propia empresa, la primera compra de un recurso natural no terrestre por parte de ese programa. «Esta compra inaugural de helio-3 lunar demuestra la necesidad crítica de un mayor suministro de este recurso aquí en la Tierra», declaró Meyerson al anunciar el acuerdo.
Después llegaron los clientes industriales. Bluefors, fabricante de sistemas de refrigeración para computación cuántica, se comprometió a comprar hasta 10,000 litros anuales entre 2028 y 2037, en un acuerdo valorado en US$300 millones.
Maybell Quantum había firmado antes como primer cliente comercial, con compras anuales previstas entre 2029 y 2035. Sumados, los compromisos de compra rondan los US$500 millones, una cifra que supera con holgura lo que la compañía ha levantado en capital.
Cuánto dinero hay realmente
Conviene separar las dos cosas, porque se confunden con facilidad. Interlune ha levantado alrededor de US$23 millones en capital de riesgo y cerca de US$18 millones en financiamiento no dilutivo, sobre todo de organismos públicos estadounidenses, para un total próximo a los US$40 millones.
Los casi US$500 millones no son inversión recibida: son contratos de compra a futuro, condicionados a que la empresa consiga efectivamente extraer y traer el material. Es una distinción que importa al evaluar el riesgo del proyecto.
La máquina
En 2026 la compañía presentó el prototipo a escala real de su excavadora, diseñada para procesar 100 toneladas métricas de regolito por hora. El plan contempla enviar una unidad a la Luna en 2029 para el primer intento de minería piloto, con robots autónomos alimentados por energía solar.
La proporción da la medida del desafío: el helio-3 aparece en el regolito en concentraciones del orden de partes por mil millones. Para obtener cantidades comercialmente útiles hay que mover, calentar y filtrar volúmenes enormes de polvo lunar, en vacío y con gravedad reducida.
El sello del Foro Económico Mundial
El 10 de junio de 2026 el Foro Económico Mundial incluyó a Interlune entre sus Technology Pioneers de 2026, una lista de cien empresas jóvenes de 23 países seleccionadas por el alcance de su ambición tecnológica.
La distinción implica un programa de dos años de vinculación con las iniciativas del Foro. La cohorte de este año está dominada por compañías de infraestructura para inteligencia artificial, energía, computación cuántica, biotecnología y espacio.
Lo que queda por resolver
Nada de esto está cerrado. No existe todavía un marco jurídico internacional pacífico sobre la propiedad de los recursos extraídos de cuerpos celestes, y el Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe la apropiación nacional de la Luna sin pronunciarse con claridad sobre la explotación comercial de sus materiales.
Tampoco está demostrado que el costo de llevar maquinaria a la Luna, operarla y traer el producto de vuelta encaje en el precio actual del helio-3. Analistas del sector espacial han advertido que la distancia entre el mercado real y el relato promocional sigue siendo considerable.
Para una economía como la panameña el asunto es todavía lejano, pero no ajeno: la computación cuántica que depende de este insumo es la misma que promete rehacer la criptografía sobre la que descansan la banca y la logística. El precio de un gas raro termina conectado con infraestructuras muy terrenales.