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Info. Intl, 5 de agosto 2026.. La actividad del volcán de Fuego volvió a poner a Guatemala frente a uno de sus riesgos naturales más persistentes. Las autoridades mantienen vigilancia permanente y estiman que el coloso continuará activo durante al menos las próximas 72 horas, en un episodio que ya ha afectado a cerca de 30,000 personas y obligado a evacuar a unas 1,500.
La ceniza expulsada por el volcán se ha dispersado sobre una extensa área, elevando el riesgo de daños estructurales por acumulación en los techos de viviendas. Los departamentos de Chimaltenango, Escuintla y Sacatepéquez permanecen bajo alerta roja, mientras equipos de emergencia monitorean la evolución del fenómeno y coordinan la atención de las comunidades más expuestas.
El volcán emite columnas de gases y ceniza que alcanzan entre 5,000 y 6,000 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo, la mayor preocupación son los flujos piroclásticos: corrientes de gases, ceniza y fragmentos de roca a temperaturas extremas que pueden descender a gran velocidad por las barrancas y arrasar todo a su paso. Los registros sísmicos muestran eventos de alta amplitud asociados con la expulsión continua de material volcánico.
Las autoridades vigilan el comportamiento del volcán mediante una red de siete sensores y mantienen identificadas al menos 18 comunidades con riesgo potencial. Aunque cinco albergues han sido habilitados para recibir a los evacuados, algunas familias han optado por permanecer en sus hogares, mientras otras buscan refugio con familiares, reflejando la complejidad social que suele acompañar este tipo de emergencias.
La amenaza no se limita al volcán de Fuego. Los volcanes Pacaya y Santiaguito, también entre los más activos de Centroamérica, permanecen bajo observación constante debido a su cercanía con zonas pobladas. Esta combinación convierte a Guatemala en uno de los países con mayor exposición al riesgo volcánico en la región.
La memoria colectiva continúa marcada por la tragedia del 3 de junio de 2018, cuando una violenta erupción del volcán de Fuego sepultó comunidades como San Miguel Los Lotes, dejando cientos de personas muertas y desaparecidas. Ocho años después, esa experiencia guía las decisiones de las autoridades y recuerda que, frente a un volcán activo, la rapidez de la respuesta puede marcar la diferencia entre una evacuación exitosa y una catástrofe.
