Los principales ejecutivos de la inteligencia artificial firmaron este martes en la Casa Blanca un acuerdo para vigilarse a sí mismos. El documento —el Acuerdo de la Casa Blanca sobre Superinteligencia— compromete a las empresas que entrenan y despliegan modelos de frontera a montar controles internos, someterse a auditores externos y pasar los resultados por un comité independiente de su junta directiva. No crea una obligación legal, ni una sanción, ni un regulador.
Donald Trump lo describió sin rodeos. «Creo que es moralmente vinculante», dijo el presidente, y lo comparó con un texto fundacional: «Es casi como una constitución, en cierto modo». Es una caracterización, no una figura jurídica. Un compromiso moral no se ejecuta ante un tribunal.