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Mirada Económica
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Economía

Panamá acelera al 4,9%, pero la geopolítica pone precio a cada punto de crecimiento

Tras crecer 2,7% en 2024 y 4,4% en 2025, la economía entró en 2026 con más impulso y un déficit menor. El desafío es convertir la recuperación logística y comercial en empleos de calidad sin perder margen fiscal ante el petróleo caro y un comercio mundial más frágil.

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Ilustración del crecimiento de Panamá de 4,9 por ciento frente a riesgos del comercio y la energía
Ilustración editorial: Mirada Económica.

La economía panameña ha recuperado el paso. No ha recuperado la inmunidad. El Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) creció 4,9% entre enero y mayo, sostenido por el Canal, la Zona Libre de Colón, el turismo y la construcción. Después del tropiezo de 2024, la cifra permite al gobierno de José Raúl Mulino presentar sus primeros dos años como el comienzo de una normalización. También eleva la exigencia: cuanto mejor luce el titular, menos convincentes resultan las excusas para que la prosperidad no alcance al empleo y a los hogares.

El 4,9% es halagüeño y fácil de malinterpretar. Corresponde al IMAE acumulado hasta mayo, no al crecimiento anual definitivo del producto interno bruto. Y mide actividad, no bienestar: no revela por sí solo cuántos empleos permanentes aparecieron, quién capturó el ingreso adicional ni cuánto resistiría el país ante otra interrupción del comercio mundial.

Para Panamá, esa distinción es decisiva. Pocas economías convierten con tanta rapidez un conflicto lejano en una factura local. Los barcos que cruzan el Canal, los contenedores que se redistribuyen desde Colón, el precio del combustible y la tasa a la que el Gobierno coloca deuda hacen de la geopolítica una variable doméstica. El país vende conexión con el mundo; por eso también importa sus sobresaltos.

Vista de la ciudad de Panamá y su distrito financiero
La ciudad de Panamá concentra buena parte de los servicios financieros, comerciales y profesionales del país. Foto: Luis Quintero / Pexels.

La secuencia de la recuperación

Mulino heredó una economía desacelerada y unas cuentas públicas deterioradas. Según la serie utilizada por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el producto creció apenas 2,7% en 2024, lastrado por el cierre de la mina de cobre y el enfriamiento posterior a varios años de expansión. En 2025, el primer ejercicio completo de la nueva administración, el PIB avanzó 4,4%. Transporte, almacenamiento y correo crecieron 14,5%; hoteles y restaurantes, 5,9%; y finanzas y seguros, 5,2%. La recuperación tuvo varios motores, pero todos pertenecían al conocido arsenal de servicios panameño.

El primer trimestre de 2026 elevó el ritmo a 4,8%. El IMAE acumulado avanzó después desde 4,1% en enero y febrero hasta 4,5% en marzo, 4,8% en abril y 4,9% en mayo. Hay más tránsito por el Canal, más reexportaciones, más visitantes y más permisos de construcción. Es preferible una recuperación con varios motores a un rebote apoyado en uno solo. Pero amplitud cíclica no es lo mismo que transformación estructural.

La distancia entre el presente y el pronóstico aporta una saludable dosis de cautela. El Banco Mundial espera que el PIB crezca 3,9% en todo 2026 y 4,1% en 2027. Su previsión no contradice el IMAE: emplea otra medición y supone que el impulso perderá algo de fuerza. El indicador mensual fotografía la velocidad; el pronóstico pregunta si queda carretera.

El Canal recuperó su capacidad de arrastre

El Canal volvió a hacer lo que mejor sabe: mover barcos y mejorar las cuentas del país. Entre enero y mayo, los peajes aportaron B/.1.856,3 millones, 8,9% más que un año antes. El volumen de toneladas netas subió 9% y transitaron 6.313 buques; casi 87% fueron naves de alto calado. Superada la fase más severa de las restricciones por sequía, la vía recuperó su rara capacidad de producir crecimiento, divisas e ingresos fiscales a la vez.

La bonanza, sin embargo, pierde intensidad al tocar puerto. Las terminales movieron cerca de cuatro millones de TEU hasta mayo, apenas 0,6% más. Algunas crecieron y otras retrocedieron; Balboa registró en mayo su primer aumento interanual del período. Un Canal lleno no garantiza puertos boyantes, y ninguno de los dos asegura por sí solo que una porción mayor del valor de la carga se quede en Panamá.

Buque transitando por las esclusas de Miraflores del Canal de Panamá
El Canal recuperó tráfico e ingresos, pero la actividad portuaria avanzó a un ritmo mucho menor. Foto: Kevin Alvarez / Pexels.

La Zona Libre de Colón sí aceleró con fuerza: las reexportaciones aumentaron 22,9%. Las importaciones de bienes de consumo subieron 13,6% y las de automóviles, 12,7%. En turismo, el país recibió 1,3 millones de visitantes, 19,2% más, con un gasto de B/.3.226,2 millones, 15,3% superior. Son motores capaces de mover transporte, comercio, hospedaje y servicios, aunque su capacidad para elevar la productividad depende de los encadenamientos con proveedores locales.

La administración ganó orden fiscal, no libertad fiscal

El logro más tangible de los dos primeros años del gobierno puede estar en las cuentas públicas. El Banco Mundial calcula que el déficit fiscal bajó de 7,4% del PIB en 2024 a 3,7% en 2025. El Gobierno utiliza otra cobertura y reporta una caída desde algo más de 6,3% hasta 3,68%. Las series no deben mezclarse, pero cuentan la misma historia: el agujero se redujo con rapidez.

El ajuste combinó mayor recaudación, contención del gasto, aportes del Canal y una revisión de obligaciones pendientes. El MEF sostiene que el gasto total disminuyó 6% en 2025 mientras los ingresos aumentaron 6,5%. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe identificó a Panamá como la mayor corrección fiscal de la región ese año, con una mejora de 2,5 puntos del PIB en el balance primario del Gobierno Central.

Los mercados premiaron esa señal. El indicador de riesgo EMBI cayó desde 323 puntos básicos hasta cerca de 111, según cifras divulgadas por el MEF, y el Gobierno estima ahorros de alrededor de B/.475 millones en costos financieros. Una prima menor facilita refinanciar deuda y libera recursos, pero no elimina el pasivo acumulado: la deuda pública llegó a aproximadamente 65,6% del PIB en diciembre de 2025, de acuerdo con el Banco Mundial.

Billetes de cien dólares sobre una superficie azul
La corrección del déficit redujo la prima de riesgo, pero la deuda pública sigue limitando el margen ante un nuevo choque. Foto: Tima Miroshnichenko / Pexels.

Panamá ha recuperado credibilidad, no abundancia. La deuda pública obliga a escoger, y cada subsidio o proyecto aplazado tiene un costo. Preservar la inversión en agua, educación, salud y transporte mientras disminuye el déficit requerirá recaudar mejor y gastar con más disciplina. Recortar es una medida; reformar es una estrategia. El verdadero examen llegará cuando el ciclo deje de ayudar.

Construcción y consumo avanzan; el crédito no acompaña igual

La construcción privada muestra uno de los repuntes más claros. El valor de los permisos sumó B/.493,8 millones, con una inversión 34% superior a la del año anterior. El número de proyectos aumentó 106,6%, el área construida 27,2% y la producción de cemento 7%. El componente no residencial creció 59,8%, por encima del 21,5% residencial.

El mercado laboral también ofrece señales positivas: los contratos registrados aumentaron 19,1% y la reactivación bananera reincorporó a más de 5.000 trabajadores formales y unas 5.000 hectáreas de producción. Sin embargo, un contrato registrado no equivale necesariamente a un nuevo puesto permanente, y el crecimiento agregado convive con informalidad y disparidades territoriales.

El Banco Mundial estima que la proporción de personas por debajo de la línea de US$8,30 diarios, ajustada por poder de compra, pasó de 19,8% en 2024 a 19,1% en 2025. La mejora es real, pero pequeña frente al rebote del PIB. Su diagnóstico apunta a un mercado laboral débil y una informalidad persistente como frenos para que la expansión se traduzca con rapidez en bienestar.

Las luces amarillas aparecen fuera de los grandes servicios. Las exportaciones nacionales, excluida la minería, sumaron B/.435,4 millones y cayeron 0,8% hasta mayo. Los nuevos préstamos bancarios disminuyeron 7,1%, hasta B/.10.289,7 millones. Las utilidades netas de la banca bajaron 4,7% y las provisiones aumentaron 40,8%. Ninguna cifra anuncia por sí sola una contracción. Juntas dibujan una recuperación robusta en la plataforma de servicios y bastante menos convincente en la base productiva y crediticia.

La geopolítica ya aparece en la factura

La geopolítica ya llegó al surtidor. El recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio y las restricciones alrededor del estrecho de Ormuz elevaron el WTI desde US$64,60 por barril en febrero hasta US$99,10 en mayo, según la serie del Banco Mundial citada por el MEF. Panamá no produce el petróleo que consume: importa el combustible y, con él, parte del costo de la guerra. Transporte, pesca, agricultura y distribución de alimentos reciben el golpe primero.

El efecto ya se observa en los precios. Aunque el nivel general acumulaba una variación moderada de 1,3% a mayo, transporte subió 5,5%; el diésel, 28,1%; y la gasolina, 18,4% frente al promedio del año anterior. El Gobierno respondió con un subsidio focalizado que acumuló B/.16,1 millones entre el 15 de abril y el cierre de mayo para taxis, autobuses, carga, maquinaria agrícola y pesca artesanal.

Surtidor de combustible en una estación de servicio
El petróleo caro transmite el conflicto exterior a los costos de transporte y abastecimiento de Panamá. Foto: Ekaterina Belinskaya / Pexels.

El Fondo Monetario Internacional proyecta que la economía mundial crecerá 3% en 2026 y 3,4% en 2027. Su actualización de julio advierte que la guerra golpea con mayor fuerza a los importadores de energía, que la desinflación mundial se ha estancado y que persiste el riesgo de una corrección en los mercados financieros. También prevé que el crecimiento del comercio mundial se desacelere desde 5% en 2025 hasta 3,5% este año.

El escenario entra en Panamá por cuatro puertas. Menos comercio significa menos demanda potencial para tránsitos, puertos y reexportaciones. Petróleo más caro infla la factura importadora. Una nueva aversión al riesgo eleva el costo de la deuda soberana y privada. Y la rivalidad entre Estados Unidos y China convierte cada decisión sobre puertos e infraestructura en un ejercicio diplomático. La neutralidad y la previsibilidad no son adornos de la plataforma logística; son parte del producto que Panamá vende.

A esos riesgos se suma uno que no es estrictamente geopolítico, pero tiene el mismo poder de interrumpir flujos: el clima. La sequía de 2023 y 2024 demostró que el agua es simultáneamente un insumo del Canal, un servicio para la población y una restricción económica. La resiliencia logística requiere inversiones hídricas y decisiones de largo plazo que compiten por recursos con la consolidación fiscal.

Cuatro pruebas para saber si el 4,9% perdura

La primera prueba es fiscal. El Gobierno debe cumplir la senda de reducción del déficit sin convertir la inversión pública en la variable de ajuste. La segunda es laboral: los sectores que hoy lideran la expansión necesitan generar puestos formales fuera del corredor metropolitano y de las grandes empresas.

La tercera es productiva. El dinamismo de las reexportaciones contrasta con la caída de las exportaciones nacionales. Agregar valor en agroindustria, manufactura ligera, servicios digitales y mantenimiento logístico permitiría que una mayor proporción del comercio deje ingreso dentro del país. La cuarta prueba es de resiliencia: agua para el Canal, energía menos dependiente del petróleo y reglas estables para las inversiones reducen la vulnerabilidad frente a shocks externos.

El 4,9% merece celebrarse sin convertirse en fetiche. Demuestra que Panamá recuperó velocidad después del frenazo de 2024 y que el ajuste fiscal no impidió la reactivación de los servicios. También revela la dependencia de activos expuestos al mundo: un canal interoceánico, una zona franca, puertos, turismo y finanzas. Son ventajas formidables. También son correas de transmisión.

La tarea para la segunda mitad de la administración no es defender una tasa mensual, sino ensanchar las bases que la producen. Si el Gobierno convierte el impulso en productividad, empleo formal y espacio fiscal, el 4,9% marcará el comienzo de un ciclo. Si la energía cara, el comercio fragmentado o la falta de reformas lo diluyen, quedará como una fotografía favorecedora: nítida, cierta y demasiado breve.