Cuando pensamos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en la mayoría de los casos los observamos únicamente como una ruta de acción política que deben seguir los Estados miembros de las Naciones Unidas, o los desconocemos. Pero, para mí, la Agenda 2030 es el plan de acción internacional para lograr vencer, como humanidad, batallas históricas que por siglos y décadas han estado y siguen estando incrustadas en el diario vivir de los ciudadanos de las naciones del mundo; y mencionar sus soluciones mediante los ODS, para muchos, es una utopía insoñable. Nos parece iluso pensar que para 2030 hayamos logrado vencer la pobreza, tener salud y bienestar, educación de calidad, trabajo decente y crecimiento económico, reducción de las desigualdades, ciudades y comunidades sostenibles, paz, justicia e instituciones sólidas y alianzas para lograr objetivos para todos. Pero, desde la humilde opinión de este ciudadano, yo creo que, si los gobiernos empezaran por brindar una educación de calidad y construirla en serio para tomarla en cuenta en las grandes políticas de Estado, iniciaríamos el proceso de construir un mundo mejor.

Para mí, de la educación depende absolutamente todo: economía, salud, empleo, vivienda y todo, porque, si tenemos una buena educación, tendremos la mayor posibilidad de tener ciudadanos éticos, profesionales y libres para ser los arquitectos de su destino; estaremos dando los verdaderos pasos para construir ese mundo utópico. Pero, si tenemos y seguimos teniendo una mala educación, seguiremos contando con las fuertes brechas y desigualdades socioeconómicas que lastran el desarrollo de un país. Porque, al fin y al cabo, son los ciudadanos profesionales quienes, en la mayoría de los casos, tienen la oportunidad de ser los decision-makers del futuro del país; y, lamentablemente, persiste una desigualdad latente entre los estudiantes de la educación oficial (pública) y sus pares de la particular (privada), tanto en pensum como en aprovechamiento de los días de clases. Y pareciera que muchos gobernantes les brindan una educación deficiente a los estudiantes del sector oficial para seguir manteniéndolos lastrados y rezagados. Esto se debe a que, si los gobernantes educaran bien a los ciudadanos, tendrían ciudadanos que cuestionen y no se conformen con sus gobernantes. Creo que, siguiendo estas pistas, ya todos tienen meridianamente claro, por el título de este artículo, que mi intención es ver a los ODS como un manual para resolver y entender problemas como el de la imagen de abajo, porque, al entenderlos en todas sus capas y dimensiones, nos brindan el panorama para resolverlos.
