Un modelo tridimensional del subsuelo panameño aporta nuevas evidencias sobre placas tectónicas que se hunden bajo el istmo desde direcciones opuestas.
Las observaciones ayudan a caracterizar posibles fuentes sísmicas y el valor práctico está en producir información que pueda incorporarse a evaluaciones de amenaza, planificación territorial y decisiones de construcción. La tarea pendiente es convertir ese conocimiento, junto con las observaciones de campo y los registros de daños, en medidas que reduzcan la exposición y la vulnerabilidad del país.