La inflación energética en América Latina y el Caribe cerró 2025 con un comportamiento más moderado y estructural, marcando un punto de inflexión frente a la volatilidad del año anterior. El indicador anual se ubicó en 0,83%, casi la mitad del nivel registrado en 2024, en un contexto donde los precios internacionales de los combustibles han perdido influencia directa sobre los costos finales de la energía.
En diciembre, la inflación energética mensual fue nula, una mejora frente al registro negativo del mes previo. Sin embargo, el comportamiento regional sigue siendo heterogéneo: menos de la mitad de los países registraron aumentos, mientras que el resto mostró variaciones negativas o sin cambios. Esta divergencia responde, principalmente, a decisiones internas como ajustes en subsidios, tarifas eléctricas y políticas fiscales, más que a shocks externos.