La volatilidad del mercado energético global, marcada por tensiones en Medio Oriente, está redefiniendo las estrategias de consumo en América Latina y el Caribe, donde la movilidad eléctrica emerge como un factor clave de estabilidad económica frente al encarecimiento de los combustibles fósiles.
Con precios promedio de diésel y gasolina en torno a USD 1,30 por litro, la región ha logrado amortiguar el impacto mediante la adopción de vehículos eléctricos, cuya flota genera actualmente ahorros cercanos a USD 1.000 millones anuales en consumo energético. Esto equivale a evitar un gasto diario de aproximadamente USD 2,7 millones en combustibles tradicionales.
