Una reciente conversación ciudadana ha reavivado el debate sobre los icónicos buses. Mientras la ciudadanía denuncia su circulación, los tribunales han cerrado un capítulo del caso con más preguntas que respuestas, dejando al descubierto un sistema de transporte que parece operar al margen de la ley.
En una tertulia radial que ha circulado ampliamente en redes sociales durante los últimos días, un grupo de panameños exponía con frustración una escena cotidiana: dos buses averiados bloqueando el tránsito. “Esto es una trampa de muerte”, “son los mismos buses por los que pagamos para que se fueran”, se escucha entre los participantes.