La expansión del virus oropouche por América Latina dejó una ruta epidemiológica que durante meses desconcertó a los científicos. Mientras Brasil registraba uno de los mayores picos de transmisión en enero de 2024, Panamá no reportó un brote significativo hasta casi un año después. Ahora, una investigación liderada por el Centro Carson de Investigación en Salud y Ecosistemas ofrece una explicación: el virus habría ingresado recientemente al país y encontró en Darién las condiciones ideales para propagarse rápidamente.
El estudio, desarrollado junto con el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges), el Ministerio de Salud (Minsa), el Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (Indicasat AIP) y otras instituciones, identifica a la provincia de Darién como un punto estratégico para comprender y anticipar la expansión futura de la enfermedad en Centroamérica.
Durante meses, los investigadores evaluaron dos posibles escenarios. El primero planteaba que el virus había circulado silenciosamente en Panamá durante un largo período sin ser detectado por los sistemas de vigilancia. El segundo sugería una introducción reciente seguida de una rápida expansión favorecida por condiciones ambientales y epidemiológicas.
A través de análisis genómicos, los científicos reconstruyeron la historia evolutiva del virus y concluyeron que el brote panameño se originó a partir de una única introducción ocurrida alrededor de octubre de 2024. No encontraron evidencia de circulación oculta prolongada ni señales genéticas que indicaran una presencia más antigua en el país.
“El análisis permitió descifrar la ruta más probable seguida por el virus antes de llegar a Panamá”, explicó Jean-Paul Carrera, investigador panameño y fundador del Centro Carson. Según los resultados, las variantes detectadas en Darién están relacionadas con linajes que previamente circularon en Brasil, Bolivia y Cuba.
La investigación se apoyó en el análisis de 1,040 personas evaluadas durante el brote. De ellas, el 43% resultó positivo para el virus oropouche, una proporción que refleja una intensa transmisión comunitaria en las zonas afectadas.
Además de reconstruir el origen del brote, el estudio aporta nuevas evidencias sobre el comportamiento de este arbovirus emergente mediante la combinación de vigilancia clínica, secuenciación genética y modelos climáticos. Los resultados ayudan a explicar por qué Panamá experimentó una ola de contagios meses después de que el virus alcanzara niveles históricos en Sudamérica.
El Oropouche sigue siendo una amenaza difícil de contener. Hasta marzo de 2026 no existen vacunas autorizadas, tratamientos antivirales específicos ni sistemas de vigilancia rutinaria ampliamente implementados para la enfermedad.
Transmitido principalmente por el insecto Culicoides paraensis en ecosistemas selváticos donde participan perezosos y otros mamíferos como reservorios naturales, el virus provoca una enfermedad febril que suele confundirse con dengue, zika o chikungunya. Los síntomas incluyen fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares y erupciones cutáneas, aunque también se han documentado complicaciones neurológicas.
La identificación de casos de transmisión vertical y sexual ha ampliado además las preocupaciones de los expertos, que consideran al Oropouche una de las enfermedades emergentes con mayor potencial de expansión en la región.
Para los investigadores, Darién no solo fue el escenario del primer gran brote documentado de Oropouche en Centroamérica. También se convirtió en una ventana para observar cómo los virus emergentes aprovechan las rutas humanas y ambientales para abrirse camino a través del continente.