Servicios INTL, 6 de julio 2026. En una ladera silenciosa del cementerio La Esperanza, a una hora de La Guaira, el sonido de las retroexcavadoras no se detiene. Desde hace más de diez días, las máquinas abren largas zanjas sobre la tierra desnuda para recibir a miles de víctimas del terremoto del 24 de junio, una escena que resume mejor que cualquier cifra la dimensión de una de las peores tragedias recientes del país.
No es una fosa común en el sentido tradicional. Cada sepultura está marcada con una cruz, piedras blancas y un código que identifica el cuerpo y lo vincula a un expediente, fotografías y un registro oficial. Sin embargo, el crecimiento acelerado de este cementerio de emergencia evidencia que la capacidad del Estado ha sido sobrepasada por la magnitud del desastre. Video de fosas Aquí
