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Canadá y la Unión Europea avanzan hacia una relación que podría ir más allá de un acuerdo comercial tradicional, después de que el primer ministro Mark Carney respaldara este jueves la propuesta de crear para su país un estatus de “miembro asociado” del bloque.
La iniciativa fue planteada un día antes por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante su discurso sobre el Estado de la Unión en Estrasburgo. La propuesta no supone, por ahora, una adhesión plena de Canadá a la UE ni existe actualmente una categoría jurídica equivalente dentro de los tratados europeos.
Carney, en una intervención ante el Parlamento Europeo, acogió la propuesta como parte de una estrategia para construir una relación “más profunda e integrada” entre ambas economías. El primer ministro planteó ampliar la cooperación en energía, minerales críticos, inteligencia artificial, computación cuántica, defensa, infraestructura y comercio digital.
La iniciativa llega mientras Canadá intenta diversificar una economía históricamente vinculada a Estados Unidos. En 2025, el 71,7% de las exportaciones canadienses de mercancías tuvo como destino el mercado estadounidense, frente al 75,9% un año antes, según Statistics Canada. Las exportaciones hacia otros mercados, en cambio, aumentaron 17,2%.

Más allá del CETA
Canadá y la UE ya cuentan con una amplia arquitectura económica común.
El Acuerdo Económico y Comercial Global, conocido como CETA, se aplica provisionalmente desde 2017 y eliminó o redujo barreras en buena parte del intercambio bilateral. El comercio de bienes y servicios entre Canadá y los 27 países de la UE alcanzó C$178.600 millones en 2025, convirtiendo al bloque en el segundo mayor socio comercial de Canadá después de Estados Unidos.
La Comisión Europea calcula además que el comercio de bienes entre ambas partes ha aumentado alrededor de 75% desde la entrada en vigor del acuerdo.
El nuevo esquema que estudian Bruselas y Ottawa pretende ir más allá.
Von der Leyen propuso desarrollar una denominada “Alianza para el Futuro”, con cooperación en manufactura avanzada, tecnología, industria de defensa, el Ártico, energía, baterías, materias primas críticas, inteligencia artificial, ciberseguridad y seguridad económica.
Canadá ya comenzó a integrarse en algunas estructuras europeas. En junio, el Consejo de la UE concluyó formalmente el acuerdo que permite a empresas y productos canadienses participar en compras conjuntas dentro de SAFE, el instrumento europeo de €150.000 millones destinado a financiar inversiones y adquisiciones de defensa. Canadá es el primer país no europeo incorporado bajo ese mecanismo.

No es una adhesión plena
La expresión “miembro asociado” es políticamente significativa, pero todavía carece de una definición jurídica concreta.
El artículo 49 del Tratado de la Unión Europea establece que cualquier Estado europeo que cumpla determinadas condiciones puede solicitar la membresía del bloque. Canadá, por razones geográficas, no encaja en ese procedimiento ordinario.
Por tanto, la propuesta requeriría crear un marco distinto al utilizado para los actuales 27 miembros.
Carney ha señalado que Canadá no busca incorporarse como miembro pleno y ha descrito el objetivo como una alianza diseñada específicamente para ambas partes. Reuters informó además que algunos diplomáticos europeos consideran que el concepto todavía necesita mayor definición y que la propuesta no había sido discutida previamente de forma detallada entre todos los Estados miembros.
Eso deja abiertas cuestiones como qué acceso tendría Canadá al mercado europeo, qué regulaciones debería adoptar, si participaría en determinados programas comunitarios y qué mecanismos de decisión acompañarían el nuevo estatus.

La economía detrás del acercamiento
La complementariedad económica ocupa un lugar central en las conversaciones.
Europa busca ampliar el acceso a proveedores estables de energía y minerales críticos, mientras Canadá posee importantes recursos de petróleo, gas, uranio y minerales necesarios para baterías y tecnologías avanzadas.
Ottawa, por su parte, busca nuevos mercados para disminuir la exposición a Estados Unidos. En 2025, las exportaciones canadienses hacia la UE aumentaron 23,4%, según Global Affairs Canada, mientras el bloque representó el 8,6% del comercio total de mercancías del país.
Carney también planteó profundizar la integración de las industrias de defensa y crear nuevas conexiones entre los mercados energéticos, financieros y tecnológicos de ambos lados del Atlántico.
El proceso ocurre además en medio de renovadas tensiones comerciales con Washington. El presidente estadounidense Donald Trump criticó públicamente la propuesta europea y amenazó con responder mediante aranceles si considera que la asociación perjudica los intereses de Estados Unidos. Carney sostuvo que Canadá tiene autonomía para determinar sus propias alianzas internacionales.
La reacción estadounidense añade una dimensión geopolítica a un acuerdo que Bruselas y Ottawa presentan principalmente como una estrategia de diversificación y resiliencia económica.
Octubre será la próxima prueba
Los detalles podrían comenzar a tomar forma en la próxima cumbre Canadá-UE, programada para el 29 y 30 de octubre en Montreal. El Consejo Europeo confirmó las fechas, aunque todavía no ha publicado la agenda definitiva del encuentro.
Las conversaciones previstas incluyen un posible acuerdo sobre comercio digital y una mayor cooperación en movilidad, investigación y educación, según reportes sobre las negociaciones.
Por ahora, Canadá no se está adhiriendo formalmente a la Unión Europea. Lo que está sobre la mesa es algo distinto: la creación de una categoría de asociación que no tiene precedente dentro del bloque y cuyo alcance económico y jurídico todavía deberá negociarse.
De prosperar, el acuerdo podría convertirse en uno de los mayores cambios en la relación entre Canadá y Europa desde la entrada en vigor del CETA y ofrecer un nuevo modelo de integración para países estrechamente alineados con la UE que no forman parte del continente europeo.
